No puede ser cierto


Una vez más los periodistas se están inventando una realidad paralela; o es una fake news. Debe de ser eso, porque resulta imposible imaginar que quienes tienen el encargo de gestionar un país y proteger nuestras vidas lleguen a tal grado de insensatez.

En el peor momento de la tercera ola de la pandemia, nos empiezan ya a mentalizar de que hay que salvar la Semana Santa. La ministra Maroto estableció en ella el reinicio de los viajes nacionales porque España es «un país muy atractivo». El telepredicador Revilla cree que podrá desconfinar para entonces y así salvar «en parte» la celebración. Las posturas en el mismo sentido se suceden entre responsables andaluces y surgen voces de apoyo por toda España, azuzadas por tertulianos. Ya en octubre, Pedro Sánchez habló de resucitar el turismo en Semana Santa. En octubre.

Salvar la Navidad nos ha costado casi 900.000 contagiados, más de 9.000 fallecidos y una recesión superior a la del primer impacto, que algunos cifran en 50.000 millones de euros. Cuando la tercera ola está amainando en los países europeos más afectados, España se sitúa a la cabeza. Ningún otro, tras la vuelta de las Navidades, ha sufrido un repunte tan desorbitado.

Pero el balance no les debe parecer suficientemente dramático que quieren más. Ni uno solo de los que nos dijeron que brindásemos con los allegados de la otra punta del país debían estar hoy en cargo de responsabilidad. Ni siquiera pidieron perdón. Pero ahí siguen y, como si de batir récords se tratase, vamos lanzados hacia la cuarta ola, después de la segunda del verano y la tercera de Navidad.

Tal y como estamos, batiendo marcas de ingresos, con los hospitales colapsados, las uci a reventar, la incidencia por las nubes, el personal sanitario por los suelos y las vacunas no se sabe dónde, lo exigible es que impere la prudencia. Y el realismo. El mero hecho de insinuar otra relajación debería considerarse delito. Por atentado contra la inteligencia.

Dicen los especialistas que la fatiga psicológica se debe en ocasiones a la frustración de ver incumplidas expectativas creadas. A esperanzas fallidas. Que es lo que nos está ocurriendo en este país. Que estamos derrotados de soportar sandeces.

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