No hagamos el ridículo

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

Javi Colmenero | Europa Press

Los 638 gallegos que el pasado fin de semana fueron propuestos para una sanción deben estar muertos de risa. Y sintiéndose burlados y humillados los 2.417 agentes de las policías autonómica y nacional y de la Guardia Civil que controlaron a 21.463 personas y 15.508 vehículos para que cumpliesen las normas vigentes por el coronavirus. Porque los irresponsables saben que la mayoría de denuncias no van a tener recorrido. Es un requerimiento inútil y unos miles de agentes perdiendo el tiempo y sintiéndose ridículos. El mismo recorrido tendrán gran parte de las 121.599 propuestas realizadas en España en los últimos tres meses. Y todo porque los desmanes de los insensatos tienen un difícil encaje en nuestro ordenamiento jurídico, ya que carecemos de una norma en la que poder situar exactamente las conductas infractoras. Si no se da esa clara definición, se vulnera el principio de tipicidad y no se puede imponer la sanción. La propia Abogacía del Estado dictaminó que para multar no basta con incumplir las restricciones a la movilidad que estaban recogidas en el decreto de alarma, sino que además hay que desatender las órdenes de los agentes de la ley.

Hemos cumplido un año desde la aparición del primer caso de la pandemia en España. Y pronto cumpliremos el primero desde que comenzamos a desobedecer las normas impuestas. Fiestas privadas, botellones, reuniones en pubs, incumplimientos en uso de mascarillas y toque de queda. Tenemos un amplio catálogo de las tropelías que se cometen a diario; en muchos casos de forma reiterada y con comportamientos chulescos. Y un año después no fuimos capaces de establecer las normas que pueden dar amparo a ratificar las sanciones. Y no es porque no lo sepamos. O nos pille por sorpresa. Tres de cada cuatro denuncias por incumplir el confinamiento decretado en el pasado marzo fueron rechazadas por los jueces. Así que lo mejor que podemos hacer es retirar los controles y dejar de proponer sanciones. Porque acaban en nada. Y por respeto a los agentes y a los ciudadanos que cumplimos las normas. Y también para no hacer el ridículo. Entiéndase mi ironía.