Al comenzar su presidencia, Joe Biden debe enfrentarse a las tres graves crisis que sufre EE.UU.: sanitaria, económica y política, que requieren acciones urgentes y decididas. El nuevo presidente ha demostrado su determinación para paliar lo antes posible sus efectos, tomando inmediatamente decisiones ejecutivas importantes, tanto en el ámbito sanitario -obligatoriedad de uso de la mascarilla en los edificios federales, proyecto de vacunar en 100 días a 100 millones de personas-, como en el económico -prórroga de la moratoria de las hipotecas y de los préstamos estudiantiles-, en el de la inmigración -paralización del muro con México, reunión de niños y padres separados, apoyo a los programas para los «soñadores» y refugiados políticos-, y en el racial -orden ejecutiva a todas las agencias de observar rigurosamente los derechos civiles y la igualdad racial-. Medidas todas ellas que ofrecen un primer rayo de esperanza en una normalización que requerirá mucho tiempo y esfuerzo.
No obstante, sus medidas estrella en esta primera parte de la legislatura serán la aprobación de un paquete de estímulo económico por valor de 1,9 billones de dólares -que tratará de reactivar la economía a través del consumo y la inversión pública, además de financiar la lucha contra la pandemia- y una ambiciosa ley migratoria que intentará que en los próximos ocho años se legalicen -por distintos métodos- los casi once millones de indocumentados que actualmente residen en EE.UU.
Ambas leyes tienen que ser aprobadas en el Congreso. No habrá problemas en la Cámara de Representantes, donde los demócratas gozan de una mayoría exigua pero sólida, pero sí puede haberlos en el Senado, donde están 50/50 con los republicanos. Aunque en caso de empate decide el voto de su presidente, en este caso la vicepresidenta Kamala Harris, existen mecanismos obstruccionistas que pueden exigir una mayoría 60/40 para la aprobación de determinadas leyes. Ese mecanismo se puede revertir a su vez por otro llamado conciliación, pero un enfrentamiento absoluto puede hacer la cámara de muy difícil manejo, sin contar con que hay senadores demócratas conservadores que pueden oponerse a determinadas decisiones. La negociación, por tanto, se impone y no será fácil sacar adelante las medidas más relevantes o arriesgadas.