Un rayo de esperanza

José Enrique de Ayala PUNTO DE VISTA

OPINIÓN

POOL

29 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Al comenzar su presidencia, Joe Biden debe enfrentarse a las tres graves crisis que sufre EE.UU.: sanitaria, económica y política, que requieren acciones urgentes y decididas. El nuevo presidente ha demostrado su determinación para paliar lo antes posible sus efectos, tomando inmediatamente decisiones ejecutivas importantes, tanto en el ámbito sanitario -obligatoriedad de uso de la mascarilla en los edificios federales, proyecto de vacunar en 100 días a 100 millones de personas-, como en el económico -prórroga de la moratoria de las hipotecas y de los préstamos estudiantiles-, en el de la inmigración -paralización del muro con México, reunión de niños y padres separados, apoyo a los programas para los «soñadores» y refugiados políticos-, y en el racial -orden ejecutiva a todas las agencias de observar rigurosamente los derechos civiles y la igualdad racial-. Medidas todas ellas que ofrecen un primer rayo de esperanza en una normalización que requerirá mucho tiempo y esfuerzo.

No obstante, sus medidas estrella en esta primera parte de la legislatura serán la aprobación de un paquete de estímulo económico por valor de 1,9 billones de dólares -que tratará de reactivar la economía a través del consumo y la inversión pública, además de financiar la lucha contra la pandemia- y una ambiciosa ley migratoria que intentará que en los próximos ocho años se legalicen -por distintos métodos- los casi once millones de indocumentados que actualmente residen en EE.UU.

Ambas leyes tienen que ser aprobadas en el Congreso. No habrá problemas en la Cámara de Representantes, donde los demócratas gozan de una mayoría exigua pero sólida, pero sí puede haberlos en el Senado, donde están 50/50 con los republicanos. Aunque en caso de empate decide el voto de su presidente, en este caso la vicepresidenta Kamala Harris, existen mecanismos obstruccionistas que pueden exigir una mayoría 60/40 para la aprobación de determinadas leyes. Ese mecanismo se puede revertir a su vez por otro llamado conciliación, pero un enfrentamiento absoluto puede hacer la cámara de muy difícil manejo, sin contar con que hay senadores demócratas conservadores que pueden oponerse a determinadas decisiones. La negociación, por tanto, se impone y no será fácil sacar adelante las medidas más relevantes o arriesgadas.

Además de las crisis internas, Biden se enfrenta a la necesidad de revertir el deterioro que la errática y arbitraria política de su predecesor ha causado en el papel internacional de EE.UU. En sus primeros días ha tomado decisiones importantes, como la vuelta al tratado de París sobre el cambio climático y la paralización del abandono de la OMS, y otras de alta carga simbólica, como la anulación de la prohibición de viajar a los procedentes de once países musulmanes. Seguirán otras, como la vuelta a la Unesco, el desbloqueo de la Organización Mundial de Comercio, o la reanudación de la negociación con Irán. Sin embargo, la Administración demócrata va a ser muy sensible a la defensa de los intereses económicos de EE.UU., y eso se traduce en que la política hacia China va a cambiar muy poco, y la negociación de nuevos tratados comerciales con la Unión Europea será complicada, aunque cabe esperar que la política de aranceles se vea favorecida por una actitud más flexible y amistosa.

Con todo, el mayor problema para Biden es la grave crisis política que vive la nación, tal vez la peor desde la Guerra de Secesión. Trump deja como herencia un país roto, dividido, con amplios sectores de la población fanatizados, llenos de odio, incluso violentos. Esas heridas serán difíciles de curar. Hará falta mucha paciencia, tiempo, y la cooperación de mucha gente -incluidos los medios de comunicación- para intentar unir de nuevo a la gran nación americana, y que este amanecer al que ahora asistimos se convierta realmente en el futuro de paz y progreso que todos deseamos.