Menudos caraduras


La semana pasada fueron varios alcaldes del Partido Socialista y, esta, el consejero de Sanidad de Murcia, del Partido Popular, entre otros. Fueron de listillos y, ya que el Pisuerga pasa por Valladolid, dieron orden a la gente de su equipo de que una dosis de la vacuna contra el coronavirus fuese reservada para ellos. Es un caso de falta de ética tal que lo único decente que les cabe a estos representantes públicos es asumir las críticas e irse para casa con carácter de urgencia. Aprovechándose de sus cargos se han hecho con uno de los bienes más preciados que circula por todo el planeta.

Y lo que es peor. Al ponérsela a estos representantes políticos se ha impedido que la dosis fuese destinada a otra persona que, según los protocolos establecidos por las autoridades sanitarias, debiera ser vacunada antes por encontrarse en una situación de riesgo más elevado. Estas son unas de esas noticias que cuando uno las lee decide volver a hacerlo por considerarlas increíbles. De acuerdo que estamos en la España de la picaresca. De El lazarillo de Tormes y del Buscón. Pero aún, y con esas, todo esto es muy fuerte. ¿Qué esperan socialistas y populares para expulsarlos del partido?

Que eso lo haga cualquier espabiladillo de a pie ya es feo. Pero no se me ocurre nada peor que ser llevado a cabo por alguien a quien sus electores eligieron para que los representaran. Todo ello con independencia de que pudiesen estar incurriendo en un delito de apropiación indebida del artículo 253 del Código Penal, que puede llevar aparejado penas de prisión de hasta seis años, o incluso de un delito contra la Administración Pública del artículo 410 del mismo texto legal con penas de multa e inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis meses a dos años.

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