No somos ángeles


El próximo día 30 se cumplirán 88 años del nombramiento de Adolf Hitler como canciller de Alemania. Es uno de los muchos ejemplos en los que monstruosos desatinos de la crueldad humana surgen en nombre de la amistad y su exaltación, en el de la fraternal camaradería y del bien de la colectividad. Solo tres años más tarde comenzaría nuestra Guerra Civil como una gran cruzada, para reconducirnos, a través de un profundo sufrimiento, a nuestros valores perdidos.

Estos días, otro líder de masas, desde el poder, ha intentado pervertir el pluralismo político en el país paladín de la democracia y primera potencia militar del mundo. No hemos cambiado mucho. La gente sigue radicalizándose desde las esferas políticas, echándose las culpas los unos a los otros; pero diseminando proselitismo en las redes sociales a velocidad de vértigo. Pero, curiosamente, lo que aparece en las redes sociales no es la vida real, es el criterio de activistas que descargan en ellas sus frustraciones y sus formas de entender la situación sanitaria, social y económica; la mayoría de ellos con una formación cultural escasa, menosprecian la prensa escrita y renuncian, incluso, a la información de las cadenas de televisión.

La situación es muy diferente a la que vivíamos en mi época juvenil, en el bar de Chapela (Redondela) propiedad de un socialista represaliado en la posguerra, donde nos reuníamos los estudiantes. A la hora del noticiario se suspendían las partidas de cartas, damas y ajedrez y se atendía a la información de la televisión. Finalizado el telediario se establecía una tertulia, en la que estábamos deseando que el señor José, jefe del local, terminase con su frase habitual, en voz baja, emitida con el seseo total de nuestra zona: «Vos non tedes nin idea: sosialismo é cooperativisasión». Tenía razón, porque en el franquismo desarrollista había ganas de cooperar y trabajar en común.

Todo ello viene a cuento porque en estos momentos difíciles, desde todas partes, se aboga por la cooperación amistosa, evitando el egoísmo personal, solicitando tener siempre presente la salud de la colectividad. En plena pandemia, el Financial Times, la biblia del liberalismo económico, en uno de sus editoriales reclama un papel extraordinario del Estado, con una mayor distribución de la riqueza, desaparición de los privilegios, entender el gasto social como inversión, todo ello alejado de la ideología que mantenía.

No somos ángeles. No somos fundamentalmente buenos; pero transcurrido un año de la emergencia sanitaria global que nos ha tocado vivir quiero agarrarme al discurso del señor José, diciéndoles que no les quepa ninguna duda que, a pesar del comportamiento de algunos desalmados, que se saltan las normas y abren los telediarios, el comportamiento mayoritario de la ciudadanía ante la pandemia ha sido una explosión de cooperación y altruismo. Que los políticos sepan gestionarla.

Por Francisco Martelo Secretario general de la Real Academia de Medicina de Galicia

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