El insulto preferido


E n la época en que suelen hacerse las listas de las palabras del año, en diciembre, los profesores Jon Andoni Duñabeitia y María del Carmen Méndez Santos, de las universidades Nebrija y de Alicante, respectivamente, publicaron un artículo sobre un estudio que han liderado y que revela los insultos más utilizados en España. Encabeza la lista gilipollas, seguido de imbécil, cabrón, subnormal, hijoputa, tonto, idiota, puto, capullo y payaso, junto con los femeninos de los que entre estos tienen flexión de género. No hay grandes diferencias entre los dicterios preferidos en unas y otras comunidades autónomas. Así, los diez más empleados en Galicia son gilipollas, imbécil, subnormal, tonto, cabrón, hijoputa, idiota, estúpido, parvo y capullo. Aportaciones del gallego al inventario son, además de parvo, lambecricas (‘adulón y servil'), cara de cona y fervellasverzas (‘bullebulle'), en puestos más distantes de la cabeza.

Aunque siempre hubo gilipollas, esta voz no entró en el diccionario de la Academia hasta 1992, con la nota de «vulgar» y la definición «gilí, tonto, lelo». En la docta casa han cambiado aquella indicación por la de «malsonante» y han borrado el gilí que aparecía en el artículo. Pues gilí (‘tonto, lelo') podría estar en el origen de gilipollas, aunque sobre la etimología de este hay versiones más divertidas. Corominas recoge dos teorías sobre la procedencia de gilí: el caló jili (‘inocente, cándido'), derivado de jil (‘fresco'), jilar (‘enfriar'), y el árabe gíhil (‘bobo'), que no le satisface.

Gilí aparece por primera vez en letra impresa en Cantos populares andaluces (1882), de Rodríguez Marín, y poco después Pérez Galdós lo emplea en varias de sus obras: «Fortunata se quedó mirando a su amigo, sin saber qué expresión tomar. No veía la tostada, ni sabía en rigor lo que era la filosofía, aunque sospechaba fuese una cosa muy enrevesada, incomprensible y que vuelve gilís a los hombres» (Fortunata y Jacinta, 1993).

Poco después aparece giligaitas (en 1907, en una crónica de Pedro de Répide en El Liberal), que podría ser un eufemismo por gilipollas si este existiese por entonces, lo cual no hemos podido confirmar documentalmente. A partir de giligaitas, Cela acuñaría giliflautas. Hoy, esta parentela léxica se va extendiendo con eufemismos como gilipuertas o gilitonto. Llámenles como quieran, pero lo que está claro es que, como escribió un colaborador de esta casa sobre estos personajes, estamos rodeados.

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