No puede ser cuestión de suerte

María Mayán

Tras este annus horribilis 2020, nos habremos deseado suerte en numerosas ocasiones. Sin embargo, de poco sirve la suerte si no te encuentra preparado para recibirla. De hecho, en el plano laboral, las oportunidades, al igual que la inspiración, «han de encontrarte trabajando», como decía Pablo Picasso. En ciencia e innovación las mentes preparadas, la persistencia y ambientes favorables son requisitos indispensables. Un ejemplo: las vacunas contra SARS-CoV-2 de Moderna y BioNTech parten de patentes que comenzaron a gestarse tras un encuentro fortuito de los investigadores Katalin Karikó y Drew Wiessman en la Universidad de Pensilvania. Pero si ambos no hubiesen perseverado durante décadas (particularmente Karikó, cuya capacidad para superar rechazos merece ser novelada) y estas compañías no hubiesen anticipado el valor de su tecnología de ARN, y posteriormente, otras empresas y administraciones (en este caso en EE.UU. y Alemania) no hubiesen apostado con grandes desembolsos económicos, no estaríamos ante el hito de una vacunación masiva de la población en menos de un año.

¿Qué ha pasado en España? El potencial científico estaba ahí, con grandes expertos en el tema (entre ellos personal curiosamente jubilado). La infraestructura y la financiación no. No se ha llegado a un pacto por la ciencia que garantice una planificación a largo plazo. Nuestros gobernantes prometen, pero no cumplen (la inversión en I+D+i está a niveles anteriores al 2010). Las convocatorias de proyectos de la Agencia Estatal de Investigación han sido erráticas o con retrasos inexplicables, y carecemos de un tejido empresarial innovador que permita acelerar desarrollos clínicos. No ha calado en las administraciones y en los gestores correspondientes que para recoger hay que sembrar antes.

La (mala) situación de la ciencia y estos no-no-no, son extensibles a Galicia. Hace unos días clausuramos el XI encuentro de Jóvenes Investigadores Gallegos en el Extranjero. Once años maravillándonos por la ilusión, dedicación y talento de muchísimos participantes. Desafortunadamente, menos del 5% han podido regresar y liderar su propio laboratorio en condiciones dignas.

Estas cifras tan desalentadoras no son sorprendentes, considerando que Galicia dedica solamente el 0,97 % de su PIB a ciencia (frente al 1,96 % del País Vasco o al 3,13 % de Alemania).

Sería necesario escuchar a Séneca porque «en la adversidad conviene muchas veces tomar un camino atrevido».

Desde la Asociación Española de Investigación Contra el Cáncer (ASEICA), -coincidentemente con un presidente saliente; presidente y vicepresidenta todos gallegos y comprometidos con Galicia- ponemos a disposición de la Xunta de Galicia propuestas concretas que van más allá de la oncología, para que apuesten con una estrategia de I+D+i ambiciosa que no dependa de una «buena o mala suerte» coyuntural.

Por Marisol Soengas/ María Mayán Vicepresidenta de ASEICA y miembro de ASEICA-Mujer, respectivamente

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