En nuestros días, algunos escritores, entre ellos Mailer y Saramago, y algunos estudios afirman que María tuvo varios hijos. La virginidad de María y el dogma de su inmaculada concepción son dos cosas diferentes. Se puede admitir que Jesús tuvo hermanos, que María perdió la virginidad en algún momento de su vida, y seguir defendiendo el dogma de la inmaculada concepción de María, y que Jesús fue engendrado por obra y gracia del Espíritu Santo sin intervención de varón alguno.
La literatura del antiguo Egipto nos ha hecho llegar mitos que narran la concepción virginal de seres divinos o humanos. La amerindiana también ofrece varios ejemplos de nacimientos en las mismas circunstancias. Los exégetas, sin duda, encontrarán muchas diferencias entre el texto evangélico y los otros. La Iglesia escogió la fecha del 8 de diciembre para celebrar la Inmaculada porque los pueblos cristianizados, en esta época del año, tenían grandes celebraciones. El 15 y el 19 de diciembre celebraban las segundas Consualia, que protegía la recolección de las cosechas, y los graneros y los silos en el momento de abrirlos y cerrarlos; y las Oplaia, en honor de Consus y de Ops Consiva, que era considerada la responsable del reparto de las cosechas. Las Saturnalia, celebradas del 17 al 23 de diciembre, réplica de las de agosto, en honor a Saturno, uno de los dioses de la agricultura, vinculan el nombre de este dios al final de la época de la oscuridad y al nuevo período de luz y al nacimiento del Sol Invictus, solsticio de invierno. Dumézil (Fëtes romaines... d´automne) dice que Saturno podría derivarse de latín serere, sembrar.
La sociedad postmoderna considera los dogmas una imposición de tesis sin demostración científica, basadas en la tradición y en la autoridad, irreconciliable con la autonomía de la persona y la libertad de pensamiento. La Iglesia y los teólogos ven los ven como ventanas abiertas y luces que iluminan al creyente y le dan seguridad en su peregrinar hacia la patria celestial. El dogma de la Inmaculada Concepción celebra que la Virgen siempre estuvo llena de gracia porque fue preservada de todo pecado y los cristianos la veneran por ser la Inmaculada Madre de Jesús.