Sí, parar los desahucios, pero ¿cómo?

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Ángel Manso

11 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Para evitar el infinito bochorno que habría supuesto que uno de los partidos que forman parte del Gobierno hubiera forzado el debate de una enmienda a sus propios presupuestos, el PSOE aceptó a regañadientes aprobar un nuevo decreto antidesahucios a cambio de que Podemos, Bildu y ERC (que actúan como contrapeso frente a la parte anti-Iglesias del Consejo de Ministros) retiraran una propuesta de modificar las cuentas públicas que era, además, según los letrados de las Cortes, incoherente con la naturaleza de la ley presupuestaria. El PSOE y Podemos negocian ahora una norma cuya finalidad genera más consenso en la sociedad que los medios que al parecer se quieren disponer para alcanzarla.

Afortunadamente, y por profundas razones culturales, los españoles conservamos todavía en grandes dosis la empatía necesaria para entender sin esfuerzo alguno, y sentir incluso como propia, la tragedia que supone para una familia tener que abandonar, por no poder pagar la renta, la casa en la que vive de alquiler. Y más, si cabe, en una situación como la actual, en la que la devastación económica provocada por la pandemia del covid ha dejado a cientos de miles de personas sin los medios con los que venían subsistiendo: su empleo, un barcito o una pequeña empresa que, con frecuencia, daba trabajo a dos o tres personas.

La vivienda es mucho más que un espacio necesario para vivir: es, como el propio trabajo, un elemento indispensable para que las personas mantengamos nuestra autoestima y nuestra dignidad. Por tanto, nadie discutirá la bondad de un fin que todos compartimos: evitar que quien viene habitando legalmente una vivienda (lo que no es, desde luego, el caso de los okupas) se vea, en aplicación de la propia ley, obligado a abandonarla.