Mentalidad mágica


Después de ver la tumultuosa despedida de Maradona, las aglomeraciones del fin de semana en las principales calles comerciales de España y el empalagoso discurso que con voz impostada pronunció el sábado Pedro Sánchez desde la sede socialista de Ferraz, entenderán ustedes que, a pesar de mi talante natural, siga sosteniendo lo que afirmo en la introducción de mi último libro, Bioética en tiempos del covid-19: no soy optimista. Tal y como se plantea la situación, va a haber todavía muchísimo sufrimiento a causa de esta crisis sanitaria, que es ya, también, una profunda crisis económica, social y cultural.

Las vacunas no tienen ese poder taumatúrgico que algunos parecen otorgarles. Y la mera voluntad de querer salir de esta crisis manifestada con palabras ampulosas y escenografía hollywoodiense tampoco funcionan como las fórmulas de Merlín el Mago o Harry Potter. La realidad compleja que nos ha tocado vivir se resuelve de otra manera: menos demagogia y más humildad, menos desunir y más cooperar.

Lamentablemente, como escribió en su último editorial, publicado en estas mismas páginas, don Santiago Rey Fernández-Latorre, «no hay músculo porque también falla el cerebro».

Cuando escucho «hay que salvar la Navidad» me doy cuenta de que no hemos aprendido nada de nada. Primero por la mentalidad cortoplacista y economicista que implica. Pero, lo peor de todo, porque no se entiende que es la Navidad la que salva a la humanidad y no a la inversa: el amor de un niño nacido en una cueva en una periferia existencial. Fragilidad y humildad en su máxima expresión.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
9 votos
Comentarios

Mentalidad mágica