Contracciones


E n los primeros siglos del castellano eran muy frecuentes las contracciones de preposiciones y artículos, demostrativos, pronombres o adverbios. Una muestra en Los miraglos de Santiago, de 1400: «E él començó a ferir dallá [de + allá] e dacá [de + acá] con los pies e con los braços e con la cabeça e rebolverse con la grant cueyta». En obras de la RAE aparecen recogidas algunas, como antel, dalguno, daquella, daqueste, daquí, desdel, dello, deste, dotro, entrellos, quel, sobrel, dallí..., la mayoría de las cuales son inteligibles para los hablantes actuales, aunque alguna, como doy (de + hoy) entrañan cierta dificultad. Las contracciones, que algunos lingüistas llaman también amalgamas y conglomerados, se hacían espontáneamente al hablar y pasaban a los textos.

La norma no admite hoy más contracciones que las de las preposiciones a y de con el artículo el: al y del. Siempre que coincidan debe hacerse la contracción, excepto cuando el artículo encabece un nombre propio. En ese caso se escribe con mayúscula: Los vecinos de El Cairo no van a El Corte Inglés. Aunque al hablar digamos del Cairo y al Corte Inglés.

La duda más frecuente sobre estas amalgamas es qué hacer cuando hay dos secuencias consecutivas de la preposición de y el artículo: Tenía uno de esos rostros que no se diferencian de el del vecino. Aquello de hacer la contracción solo en una, generalmente la segunda, ha quedado obsoleto. Se ha impuesto hacerla en las dos, y es lo que recomienda la Ortografía: Tenía uno de esos rostros que no se diferencian del del vecino.

Otros idiomas próximos al castellano emplean más contracciones. El catalán usa al (a + el), as (a + es), cal (ca ‘casa' + el), can (ca + en), del (de + el), pel (per + el) y alguna otra. Y el gallego, muchas más. Estas son solo una muestra: ámbolos (ambos + los), ás (a + as), cho (che + o), co (con + o), daquel (de + aquel), daqilo (de + aquilo), diso (de + iso), do (de + o), doutro (de + outro), entrámbolos (entrambos + los)...

Además de las dos contracciones bendecidas por la ortodoxia, hoy se usan algunas otras que reflejan formas de hablar populares o coloquiales, como la del título de un espectáculo del Tropicana, Me voy pal Brasil, que menciona Cabrera Infante en el espectacular prólogo de Tres tristes tigres. Unas veces se marcan con apóstrofo, como en la canción de Ricky Martin Vente Pa' Ca, de heterodoxa ortografía, y otras no, como en Venga pacá, señor.

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