Un Gobierno que hace lo que quiere


Cuando afirmo que el Gobierno hace lo que quiere me refiero, entre otras muchas, a cosas como estas: manipular la cifra de fallecidos por el covid, que jamás ha respondido a la trágica realidad, según indican los datos de organismos oficiales como el Instituto de Salud Carlos III o el Instituto Nacional de Estadística; impulsar una reforma del delito de sedición con el único objetivo de amnistiar a través de un fraude manifiesto a los penados en el juicio del procés; crear un Procedimiento de Actuación contra la Desinformación, que permite al Gobierno un control tan indecente de la libertad de prensa como para recibir de inmediato las más duras críticas de la Asociación de Medios de Información y de la Federación de Asociaciones de Periodistas; planear una reforma legislativa destinada a reducir la mayoría para la elección de los consejeros del Poder Judicial que facilitaría su control por el Gobierno; mantener durante meses el 21 % de IVA sobre las mascarillas contra el covid con la falsedad de que la UE no permitía reducirlo, rebaja que era posible desde abril; prometer en campaña que nunca se coaligaría con Podemos y que jamás pactaría con Bildu («¡cuantas veces quiere que se lo repita!», decía Sánchez) y hacer luego vicepresidente a Iglesias y convertir a los ex etarras en un partido de la mayoría gubernamental; recibir en el aeropuerto de Barajas a una ministra de la dictadura de Maduro que tiene prohibida su entrada en el espacio Schengen al estar incluida en una lista de dirigentes venezolanos que han violado los derechos humanos; despreciar la posición ¡nada más y nada menos! del Consejo General de Colegios de Médicos de España, que exige el cese de Fernando Simón en el puesto que desempeña por su manifiesta incompetencia profesional; o ser incapaz de pagar en tiempo y forma a los cientos de miles de personas incluidas en un ERTE tras la catástrofe del covid.

Sí, ya sé que son asuntos de muy distinta entidad (¡cómo comparar el precio de las mascarillas con el ignominioso pacto político con Bildu!) y que además nos afectan de forma muy distinta (hay a quienes les preocupa mucho más el caos en el pago de los ERTE que el vergonzoso episodio venezolano, y al revés), pero todos los escándalos citados, y muchos más que cabría referir, tienen algo en común que debe subrayarse para entender lo que está sucediendo en la política española: por primera vez desde 1977 la acción del Gobierno no parece tener coste electoral para quienes lo dirigen.

Las encuestas, aun con diferencias, dan al PSOE desde hace meses por ganador de unos hipotéticos comicios, lo que ha convencido a Sánchez y a Iglesias (quien sabe que el PSOE no podrá gobernar sin él) de que pueden hacer mangas y capirotes sin temor a perder votos.

¿Cómo entender que el electorado supuestamente más crítico -dogma se que se repite una y otra vez- comulgue con ruedas de molino? ¿Quizá porque no ve alternativa? O, quizá, lo que sería mucho más inquietante, porque apoya la delirante gestión de este Gobierno.

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