El coronavirus no entiende de fechas de nacimiento. La gente de cierta edad está más expuesta que los jóvenes, pero que nadie baje la guardia. Leemos en este periódico que un hombre de 34 años, y sin patologías previas, se recupera tras pasar por la uci del CHUO sin que pocos días atrás tuviera la más mínima sospecha de que iba a convertirse en una víctima más de la pandemia. Casado y padre de familia, se cuidaba como el que más, pero esas medidas de precaución resultaron insuficientes y el bicho buscó alojamiento en su joven y sano cuerpo. Tenemos que quitarle algo positivo a este triste episodio que no sea exclusivamente el hecho de que el muchacho ya está casi recuperado. Tiene que convertirse en un aviso a navegantes. Que la población que, por ejemplo, ronda la treintena no piense que esta epidemia no va con ellos ya que sus fuertes y saludables cuerpos resistirán lo que les venga encima. Eso tal vez se creía el pasado mes de marzo, cuando esta pesadilla comenzó oficialmente, aunque a mi entender noticias ya se tenían de lo que se avecinaba y nada nos dijeron. ¿Ineptitud o mala fe? Si somos prácticos ya poco importa, pues el daño está hecho, aunque imagino lo que afirmarán las familias de los fallecidos. Quizá sea achacable a la ambición del gobierno Frankenstein, que no quería, bajo ningún concepto, que nada le restara protagonismo, y ya ven la que se armó con su falta de previsión. Pero es lo que tienen determinados políticos. Primero ellos, después ellos y a mucha distancia los intereses de una ciudadanía que, al fin y al cabo, fue la que los puso a pisar poltrona. Pero volviendo a los cuidados de los jóvenes frente al covid-19, que extremen las precauciones. Antes decíamos que por los padres y abuelos de los potenciales contagiados. Ahora, por muy cachas que estén, también por ellos.