En defensa de la hostelería y del empleo privado

Víctor Nogueira, Asociación Gallega de la Empresa Familiar TRIBUNA

OPINIÓN

ANA F. BARREDO | Efe

07 nov 2020 . Actualizado a las 08:35 h.

En lo que llevamos de pandemia sabemos que han cerrado ya 2.000 empresas en Galicia. Según el registro de la Seguridad Social, estamos en los peores números en una década y no vemos medidas sanitarias ni económicas que nos hagan pensar que ese tejido pueda recuperarse. La inmensa mayoría de los cierres son pequeños establecimientos a pie de calle: tiendas, actividades culturales privadas, peluquerías, agencias de viajes y, sobre todo, cafés, bares, pequeños hoteles y restaurantes. Todos ellos empresas familiares, el único e irreemplazable modo de vida para decenas de miles de personas. Es lo que desde la asociación siempre hemos puesto en valor como nuestro tejido empresarial, una fina malla de pymes que soporta un amplísimo tejido social.

Se estima que en Galicia hay más de 21.000 restaurantes, bares y establecimientos de alojamiento. Un sector que en nuestra comunidad genera 66.000 empleos y que, según las cuentas del Instituto Galego de Estatística, aporta 15.000 millones de euros al PIB gallego, un 29 % de nuestra economía. Ellos, como las tiendas, los supermercados y un montón de pequeños y medianos establecimientos familiares de Galicia, han hecho un enorme esfuerzo por cumplir y hacer cumplir todas las normas de las autoridades sanitarias, y con una de las tasas de contagio más bajas de todas las actividades, como demuestran las cifras de Sanidade. Por eso no es justo, ni social ni económicamente, que cuando se trata de volver a contener al virus sean los que sufran las medidas más restrictivas y las peores consecuencias.

El cierre decretado por la Xunta que entra hoy en vigor afecta a 12.800 establecimientos, el 61 % de los hosteleros gallegos. No es sencillo afrontar el coste económico y social de la pandemia. Por eso proponemos no buscar soluciones fáciles, sino diseñar medidas más complejas que permitan sobrevivir a ese 29 % del PIB gallego, un tejido económico y social muy delicado y tan fácil de destruir como difícil de recomponer.