La paranoia es contagiosa


Esta situación desconcertante e inimaginable que soportamos nos enfrenta a situaciones y problemas que creíamos no tener. O que, al menos pensábamos que teníamos resueltos. El último descubrimiento ha sido saber que convivimos con miles de descerebrados que se divierten provocando disturbios, amparándose en la nocturnidad, que están tiñendo de violencia las calles de algunas de nuestras ciudades. Gustan de robar bicicletas y polos de Lacoste. 

Los episodios vividos están provocando un debate en el que, nuevamente, se pone de manifiesto la disparidad de criterio de nuestros mandarines, que los achacan a distintas ideologías, en función de sus intereses. Una vez más ponen en marcha el ventilador, sin escuchar a quienes saben de esto. Las fuerzas del orden.

Porque ni de extrema derecha, como dicen unos, ni de extrema izquierda, como señalan los otros. Los cientos de descerebrados que queman contenedores, roban bicicletas con la disculpa de oponerse a las restricciones dictadas, son profesionales del desorden que militan en el delirio. Son de ideologías opuestas pero se dan la mano ante los contenedores ardiendo. Ahí están todos. Los ultraizquierdistas, ultraderechistas, ultracentristas, ultras del fútbol, atolondrados, negacionistas, violentos, chalados, maleantes, gamberros, delincuentes, ociosos, niños pijos, ladrones, sinvergüenzas, botarates e idiotas en general.

Puede que algo tenga que ver el clima de incertidumbre, incapacidad y crispación en el que navegamos. El malestar por cómo se afronta una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes. También, el descontento absoluto con una sociedad que no gusta a nadie. Pero en general, en estas protestas no están los que más motivos tienen para hacerlo. Muchos de los que destrozan las calles son hijos de papá, que se dicen «antisistema», y que usan la violencia y el saqueo como forma de expresión.

No deberíamos pasar por alto y prestar atención, a estos hechos violentos, que se reproducen también en otros países. Porque la pandemia nos está sacando a la luz unos chiflados que pueden amargarnos la existencia. Ya sabemos que todo lo malo es propenso al contagio. La paranoia sobre todo.

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