Nunca como este pasado verano Asturias lució tan bien el eslogan de Paraíso Natural. La primera ola apenas afectó en la comunidad vecina y la primera semana de julio, cuando muchos españoles buscaban lugar de veraneo, Asturias pudo colgarse la etiqueta de lugar libre de covid, tras acumular 25 días sin un solo caso positivo. El resultado: el Principado estuvo a tope todo el verano y fue la comunidad española cuyo sector turístico sufrió menos la crisis.

¿A qué se debió el milagro? Medios de todo el mundo miraron hacia el pequeño Principado en busca de la fórmula mágica, del elixir anti covid. Los factores son diversos, algunos de ellos ahora en entredicho. Asturias siempre ha estado aislada. Y no solo, como Galicia, por tren y carretera. Una economía menos dinámica que la gallega, con un tejido productivo menos conectado con los grandes polos globales, y con un aeropuerto que, antes de la pandemia, apenas tenía conexiones internacionales, funcionaron como escudo protector en la primera fase. Además, el covid pilló a Asturias casi estrenando un gran hospital central, en la salida de Oviedo hacia Gijón, con un excelente servicio de virología que fue capaz de desarrollar una PCR propia y que a finales de marzo, cuando el resto de autonomías clamaban por medios, ya era capaz de hacer 2.000 pruebas diarias. La tercera clave del éxito fue la atención primaria, que ejerció de primer dique de contención y permitió al Gobierno presumir de la segunda sanidad pública mejor dotada del país, en inversión por habitante, después de la vasca.

¿Qué ha pasado? ¿Por qué todo se ha desmoronado y el Paraíso se ha convertido en un infierno? El director general de Salud pública ha explicado que quizás ha habido un exceso de confianza generalizado. Las cifras comenzaron a subir en septiembre, pero en las últimas cuatro semanas el crecimiento ha sido exponencial. La positividad es baja, porque se siguen haciendo muchas PCR. Pero la incidencia acumulada (más de 400 casos por 100.000 habitantes en los últimos 14 días) y sobre todo la presión hospitalaria (más del doble que Galicia) han disparado las alarmas.

Es decir, que una vez que la epidemia ha superado determinado umbral, ha quedado en evidencia que Asturias no tenía suficientes camas hospitalarias. El pasado fin de semana, la red de salud pública se quedó sin camas uci y comenzó a habilitar zonas especiales y hospitales de campaña. En marzo, la contención del virus ocultó otra realidad: el patógeno es muy peligroso para una población que es la más envejecida de Europa, junto con la gallega. Con una gran diferencia: la comunidad vecina es esencialmente urbana. El 85 % de los asturianos viven en la zona central, un área metropolitana de casi un millón de habitantes, con un modo de vida organizado en torno a grandes clubes deportivos y sociales, y donde siempre se ha compartido el vaso de sidra.

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Asturias, del Paraíso al infierno en cuatro semanas