Saldremos menos y más débiles


No deja de ser alucinante que el presidente del Gobierno pida unidad y ejemplaridad a los españoles cuando los políticos son los reyes de la desunión y el ejemplo de lo que no hay que hacer para afrontar una crisis. Cuando Pedro Sánchez vuelve a aparecer con cara de preocupado sin la euforia que tenía en la ridícula moción de censura y subraya que vienen meses muy preocupantes, podemos decir con Llosa cuándo se jodió el Perú. Mi compañera Sofía Vázquez se lo preguntaba con acierto: ¿y ellos qué han hecho todos estos meses? Nada o muy poco. Lo dicen los sanitarios que están en primera línea y al borde de la ansiedad o de la depresión, si es que no han caído. Hay más PCR, pero no se han tomado otras medidas muy necesarias. España es un reino de taifas, en el que hay comunidades que imponen distintos horarios al denominado toque de queda. Otras como Cataluña cierran la hostelería, cuando la mayoría de los hosteleros han tenido y tienen un comportamiento profesional. Lo corroboran los datos. Los contagios han sido en las no fiestas. En la irresponsabilidad de las reuniones entre amigos y entre familias, donde las mascarillas desaparecen y el hidrogel apenas hace acto de presencia. En los bares que cumplen, en los colegios que han retomado las clases con medidas, no hay catástrofe. La catástrofe viene de un Gobierno que ha mirado a otro lado hasta que la evidencia por segunda vez le ha dado en la otra mejilla. No hay suficientes refuerzos. Los números vuelven a gritarnos que batimos récords en Europa y no vale esa excusa de que nuestro comportamiento social es distinto. Los ciudadanos hemos dado el paso adelante, salvo excepciones, siempre que se nos ha pedido. Son los políticos, que se han convertido en un veneno social, los que no han estado a la altura. Una clase política sin clase que antepone sus intereses al interés general. No estamos en la segunda ola. Estamos en un tsunami. En Galicia hay zonas con cifras un poco mejores, pero si seguimos así vamos a caer con los demás. Sánchez nos dijo que habíamos salido del túnel. Y fue una falsa luz. No estamos ni en la mitad del túnel. La gente está hastiada. Harta. Les pedimos que hagan su trabajo, como cualquiera lleva a cabo el suyo. No nos mientan más. No salimos más fuertes. Solo es verdad que saldremos menos y más débiles. Cada día en España muere un pasaje entero de avión. Esa es la imagen. Enterramos en cada jornada a todos los pasajeros de un vuelo nueve meses después. El dolor es inmenso. No se trata de castigar a los que cumplen, a la hostelería, a los colegios. La salud es lo primero, pero detrás va la economía. Pasar hambre no puede ser la alternativa al covid. Ahora toca volver a remar con las nuevas restricciones. Pero la gestión de la pandemia debe ser sometida, cuando algún día pase esta pesadilla, a una comisión de investigación que depure responsabilidades con todas las garantías que el Gobierno no ha sabido poner todavía en nuestra sanidad.

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