La moción es contra Pablo Casado

El Mundo

A excepción de la que desalojó hace dos años a Mariano Rajoy de la Moncloa, ninguna de las otras mociones de censura cumplió su objetivo. Que tampoco lo pretendían. De lo que se trata es de desgastar a los gobiernos y manifestar la debilidad del liderazgo. Eso fue siempre así, pero la que hoy debate el Parlamento tiene otra finalidad. La de erosionar a la oposición; al PP y a su líder Pablo Casado.

Nunca como ahora, la iniciativa de la ultraderecha española favoreció tanto al Gobierno de turno. A una parte del mismo le sirve para desviar la atención de la emergencia sanitaria, la crisis económica, del bloqueo institucional y de la incapacidad de Pedro Sánchez y los suyos para resolverlos. Llevamos semanas hablando de la moción y no del descontento social por la realidad de un país que se va por la alcantarilla. Todo lo más, escucharán lo que no quieren escuchar. Y a la otra, a Unidas Podemos, le ayuda a visibilizar los peligros del facherío y también a ocultar las dificultades internas que lo atenazan.

Es pues evidente que el que más va a perder con esta iniciativa es el PP y Casado por mucho que diga que «este tema no me importa nada». Le preocupa tanto que lleva días dedicado a tratar de poner de acuerdo a los mandarines de su partido. «Casado no ha sabido liderar la oposición», dijo un responsable ultra y de ahí que Abascal se haya erigido en las últimas semanas en la cara visible de la oposición. En un momento en que en Europa la tendencia de las extremas derechas está a la baja, las encuestas vaticinan un salto de los diputados ultras españoles de los 52 actuales a 70. A costa del PP. Y de ahí que lo que pretendan sea, además de convulsionar la vida política, polarizar al electorado de derechas y arañar votantes a los populares.

Dentro de muy poco nadie recordará la moción de censura del facherío. Porque ni Sánchez va a abandonar la Moncloa, ni la extrema derecha llegará al Gobierno. La única duda es saber en qué medida Casado y su partido acusarán una iniciativa que solo tiene como fin la disputa del voto de derechas. Saben bien sus promotores lo que persiguen. La incógnita es saber si lo sabe Pablo Casado. Y, sobre todo, si permitirá que logren el objetivo.

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