La buena televisión


Ahora que los días se acortan y se divisa el horizonte de un largo invierno de recogimiento, la televisión volverá a convertirse en el fuego alrededor del cual se contarán muchas historias. Solo un clic y el PIN de una tarjeta de crédito nos separan de la mayor oferta audiovisual que ha existido en la historia en cuestión de cantidad. El mercado ha apostado por el exceso y la sobredosis de títulos, novedades y catálogos que, en apariencia, se renuevan constantemente, pero mucha televisión no es igual a buena televisión. Pasado el efecto novedoso que trajo el streaming, muchos usuarios empiezan a percibir que resulta cada vez más difícil encontrar un título con el que merezca la pena comprometerse durante ocho, diez, trece horas. Se habla del impulso bulímico de los atracones de series, pero se callan todos los títulos que el público mastica y escupe, esas colecciones de primeros capítulos, de ficciones empezadas y abandonadas a las que se les niega una nueva oportunidad por mucho que el algoritmo se empeñe en recordar el trabajo pendiente. La televisión en streaming ha cambiado el viejo zapping por los canales por esas noches en las que se invierte más tiempo en revisar de arriba a bajo el menú que en apostar por algo y acertar. La superabundancia de series ha traído un puñado de joyas dispersas flotando en un mar de baratijas.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

La buena televisión