¿Nos lo merecemos?


Pues claro que no. No nos merecemos lo que está sucediendo en nuestro país entre la confusión más perturbadora y la demagogia mas acusada. Las discrepancias cotidianas entre las administraciones, la prevalencia de las ideologías sobre la salud; cuando comprobamos que la tostada cae al suelo siempre por el lado de la mantequilla y continuamos como si nada sucediera haciendo trampas en el solitario. Trampas que sin pudor alguno se realizan desde las instituciones publicas en donde se ha decretado y se trata de imponer el pensamiento único, prohibiéndonos discrepar y censurando desde el ingente aparato de las redes sociales, nuestra libre opinión.

Los enemigos de la libertad están al acecho, y su descalificación del pensamiento alternativo, cabe en las pocas lineas que te agreden a través de Twitter, Facebook o Telegram. Entre la descalificación personal y el eslogan tópico. Y traigo aquí las palabras proféticas de George Orwell que en su texto anticipatorio 1984, dejo escrito que «todo el clima del pensamiento será distinto. En realidad no habrá pensamiento en el sentido que ahora lo entendemos. La ortodoxia significa no pensar, no necesitar el pensamiento. Nuestra ortodoxia es la inconsciencia».

Asistimos a un complicado episodio de híper-información dominado por la pandemia, el covid-19, contado minuto a minuto, radiado, televisado o escrito hasta la saciedad, con profundos desencuentros informativos desde el poder, que van desde el numero de muertos que no es coincidente según quien lo sume, hasta la maraña de bulos, de fake-news, de rumores apócrifos que circulan de boca a oreja rompiendo el deseable fortín que tendríamos que levantar sólido para vencer al virus. Escribo desde Madrid, desde el corazón de ese madrileñocentrismo a batir cuando se nos acusa de todos los males, de ser transmisores de la pandemia por la estructura radial de España, culpándonos de mantener el kilometro cero del país, que se quedó en el imaginario popular, para asistir únicamente, a las campanadas del reloj que marca el fin de año.

No merecemos esto, cuando nuestra actitud fue más de obediencia y leal sumisión en los tres meses del confinamiento, y después, ahora, dando una vez más ejemplo de ciudadanía y madurez democrática, ajenos al ninguneo falaz a que fuimos sometidos por el poder. Y ahora cuando Sánchez anuncia la lluvia de millones de euros que «vendrán de Europa», para salvarnos de la debacle económica que ya ha llegado, volvemos a estar más cerca de la resignación que de la sugerida resiliencia, que tanto gusta al presidente del Gobierno. ¿Verdad que no nos merecemos esto?

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