Cuando piensa la máquina


A l releer un mensaje de correo que escribió hace unos días en el teléfono móvil, nuestro hombre descubrió con estupor que el Feijoo que había tecleado se había convertido por arte de la informática en un tal Frijol, con el que seguro que don Alberto no se habría identificado. Aquello lo ratificó en la idea de que no debe salir del dominio de uno ningún texto escrito en soporte informático sin someterlo antes a una cuidadosa revisión personal.

La necesidad de extremar las precauciones venía de muy atrás. El protagonista de esta historia empleaba una de las primeras versiones de un popular editor de textos para elaborar un extenso trabajo en el que con cierta frecuencia aparecía la palabra manual. Las sucesivas relecturas le revelaban un error sistemático: donde debía poner manual aparecía Manuel. Ya un poco mosca, escribió unos manuales a los que no perdió de vista, gracias a lo cual descubrió que los Manueles que aparecían a continuación no eran fruto del descuido, sino de la corrección automática. El siguiente descubrimiento fue el del menú donde se podía desactivar esta. Santo remedio. Han pasado los años y el corrector de ese programa ha evolucionado de pésimo a excelente, pese a lo cual debe usarse, en nuestra opinión, solo para ver sus alertas y sus recomendaciones, pues las decisiones ha de tomarlas quien escribe.

Actualmente se plantea un problema similar con los programas de mensajería instantánea, los de correo electrónico y algunos otros. Unas veces las máquinas completan las palabras que empezamos a teclear y otras las modifican, con criterios que solo sus programadores conocen. Así, cuando el escribidor de marras trató de describirle a un compañero de aficiones las bondades de un black angus que acababa de tomar, la raza bovina se convirtió por arte de magia en black angustia. Intentó explicar el caso en un mensaje y black angustia evolucionó entonces a blanco angustia. Eso no lo entendía ni el parrillero, que en este proceloso proceso había pasado a ser el patrullero.

El siguiente intento de comunicarse con el exterior fue un mensaje al jardinero, a quien hizo una consulta sobre los hibiscos del jardín de casa, que en la pantalla pasaron a ser los obispos. Esto después de escribir en la ventana del Diccionario del estudiante, en la web de la RAE, la palabra hibisco y de que se abriese el artículo bizco.

En algunas materias, lo único cierto de la inteligencia artificial es lo de artificial.

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