Una operación necesaria


Desde el pasado mes de junio, los bancos españoles vienen preparándose para poder afrontar las consecuencias del covid-19. Se teme que este otoño se produzca una segunda oleada de cierres de pequeñas y medianas empresas incapaces de salir de los números rojos a causa de la crisis. Son empresas con una capacidad financiera mínima para soportar esta situación por mucho más tiempo.

De la misma forma, una parte de los trabajadores acogidos a los ERTE no van a poder regresar a su puesto y acabarán en el paro. A su vez, aquellos que sigan cubiertos por los ERTE muy probablemente van a ver reducidos sus ingresos.

Lo previsible, por tanto, es que ambas circunstancias provoquen un aumento de la morosidad crediticia, que puede golpear a unos bancos que todavía no han terminado de recuperarse de los enormes desastres que provocó el estallido de la burbuja inmobiliaria. La banca, por ello, viene realizando provisiones desde el comienzo del verano para poder afrontar la previsible nueva oleada de impagos crediticios. Este es el contexto de la fusión de Bankia y CaixaBank, y la razón que la explica.

La propuesta de fusión es una operación defensiva que, de llevarse a cabo, permitirá a las dos entidades afrontar en mejores condiciones las consecuencias del previsible incremento de la morosidad. El volumen de impagos no se va a reducir a causa de la fusión. La operación, sin embargo, puede suponer un ahorro de costes de hasta el 40 %, lo que permitiría a la entidad resultante salir adelante por sí misma destinando esos recursos a las provisiones por impago. Ese ahorro, por desgracia, implicaría el cierre de oficinas y la pérdida de unos 1.500 empleos. Sin la fusión, el número de despidos tendría que ser mucho mayor y pudiera ser que alguna de las entidades protagonistas, o ambas, tuviera que pedir un rescate. Por tanto, se trata de un sacrificio necesario para salvar puestos de trabajo, proteger el dinero de los ahorradores y seguir facilitando la circulación de ese crédito tan necesario para que muchas otras empresas puedan sobrevivir y mantener los puestos de trabajo.

La fusión crearía el tercer banco español por volumen de activos y el que más peso tendría en el mercado nacional. La parte positiva de ello es que esa mayor dimensión facilitará las inversiones necesarias para incorporar los nuevos desarrollos tecnológicos relacionados con la banca que se producen con tanta rapidez y que pueden beneficiar bastante a los clientes. El problema es que el número de competidores en el mercado español se va reduciendo cada vez más, por lo que habrá que estar atento a las consecuencias para la competencia que pudieran depararse.

Por Emilio J. González Profesor de Economía de Comillas ICADE

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