De los «influencers», líbranos


El coronavirus se lo dio y el coronavirus se lo quitó. La colaboradora de Sálvame que esta semana perdió su empleo había alcanzado su puesto de tertuliana en el programa después de aupar a Telecinco con el culebrón del confinamiento, aquella historia ya olvidada en la que su novio fue descubierto con otra mujer por la cámara indiscreta de una videollamada retransmitida por televisión. Cuatro meses después, Mediaset le ha puesto las maletas en la puerta no por hacer mal su trabajo, sino por contagiarse alegremente del covid-19, como alardeaba con sus fotos yendo a fiestas sin mascarilla ni distancia de seguridad, y por obligar en consecuencia a que algunos de los principales activos que le quedan a la cadena de retén en agosto hayan tenido que ponerse en cuarentena por haber estado en contacto con ella. «Irresponsabilidad en el ámbito privado», lo llama Telecinco para explicar su despido, abriendo así un interesante debate sobre los límites entre la vida personal y laboral que puede dar mucho de sí en todo lo que quede de pandemia.

Con casi medio millón de seguidores en las redes sociales, no sé en qué categoría de aspirante a influencer se podría colocar a la tertuliana expulsada, pero asusta que Fernando Simón invoque ahora la ayuda de este sector para concienciar a los jóvenes de que esto no va en broma. De los influencers líbranos.

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De los «influencers», líbranos