Siempre recordaré cómo Alfredo Pérez Rubalcaba definía el Estado. «El Estado -decía- es un señor, una mesa y un teléfono». Siempre recordaré el retrato que Pedro Solbes hacía en conversaciones privadas: «España es rica, pero el Estado es muy pobre». Y siempre recordaremos todos, por supuesto, las crisis que sufre el Estado español: crisis de identidad, de integración, de fortaleza, de integración de la pluralidad del país y, últimamente, de su jefatura. Anotamos más sus carencias que sus fortalezas. Y a veces las demuestra. Las fortalezas, digo.

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