Pónganse a cubierto

Francisco Javier Pérez Bello TRIBUNA

OPINIÓN

Oscar Vazquez

Solemos escuchar en estos días de descrédito, que la reacción de los españoles ante la crisis sanitaria ha sido ejemplar; los ciudadanos estamos muy por encima de la clase política, dicen. Para mí es un error. Creo que tenemos los políticos que nos merecemos.

Los datos de paro y de afiliación de mayo son malos y muestran un deterioro intenso de la actividad económica y del empleo desde el cierre de la producción. El paro ha subido en más de 26.000 personas. El número de parados ronda ya los cuatro millones, más otros tres millones en situación de suspensión de empleo, a través de los ERTE. La afiliación a la Seguridad Social crece en mayo, pero en términos interanuales es el peor mayo desde el 2009, ya que se pierden en un año casi 900.000 cotizantes. La profundidad de la crisis se deja entrever y será mayor que la sanitaria si no se toman medidas de manera inmediata para evitar la destrucción del tejido productivo.

En el plano social, hemos aceptado el confinamiento impuesto por el Gobierno sin la más mínima protesta, con resultados nefastos: el virus ha matado en España a miles de personas, y al haber parado completamente la economía, las consecuencias van a ser terribles; por el momento, solo lo intuimos, pero cuando llegue el otoño aflorará con todo el dramatismo.

Ahora que se puede salir a la calle y respirar un poco, llega el momento de pedir ayuda financiera a la Unión Europea. Nos han convencido de que en Europa hay una serie de países muy malos y egoístas, porque cumplen sus deberes, vigilan su déficit y sus niveles de endeudamiento, lo que les permite diseñar marcos fiscales y sociales más atractivos a la inversión y al empleo, mientras nosotros batimos marcas negativas en términos de déficit y deuda, gastamos lo que no tenemos, incumplimos todos los acuerdos de estabilidad y, por si no fuera suficiente, montamos un subsidio permanente que acabará dinamitando la capacidad técnica y el interés de cientos de afectados. Y encima queremos que nos regalen dinero, para hacer lo que nos dé la gana con él y a cambio de nada. Y naturalmente, va a ser que la respuesta de nuestros socios europeos será que no. El dinero llegará, pero lo hará con durísimas condiciones que supondrán reformas, ajustes y tal vez, con los tan temidos recortes. Y mejor que sea así, pues esa será la garantía de que el dinero se utilice de manera eficiente.

Veremos a ver qué sucede. De momento, caminamos hacia una hecatombe económica, que los autónomos vivimos en nuestra propia carne desde que se paralizó la actividad por orden de la autoridad. Estamos en una especie de calma previa a la gran tormenta que se avecina. España sufrirá un empobrecimiento brutal y solo podremos salir adelante mediante un plan de reformas a largo plazo que rebaje la deuda y la haga sostenible, que garantice un marco laboral flexible que posibilite el empleo, única política social real y sostenible a largo plazo, y que garantiza la libertad y la dignidad de la persona. Junto a ello, se precisaría un marco fiscal adecuado, que permita a la gente respirar y ser dueños del dinero que legítimamente han ganado, pagando al erario público lo justo para mantener los servicios que todos entendemos necesarios para la comunidad y dejando en manos de cada individuo el resto. Además, en el contexto actual, se necesitan apoyos puntuales para la digitalización de los negocios, planes de ayuda para los sectores más afectados, eliminación de las trabas burocráticas, y dotar de liquidez inmediata a los negocios regentados por autónomos. Todo ello para intentar mantener los mejores niveles posibles de empleo.

En fin, contaremos todo aquello que veamos, pero mientras tanto, usted pónganse a cubierto, porque este próximo otoño se avecina tormentoso de verdad.