El presidente Pedro Sánchez quizá aún dedica más tiempo a la lucha por el poder (es decir, por mantenerse en La Moncloa) que a gobernar. Se vio con claridad en la sesión del Congreso en la que se aprobó la sexta y última prórroga del estado de alarma. A un lado, el presidente y sus nuevos y viejos aliados. Al otro, el PP, Vox y un corto etcétera. A medio camino, Ciudadanos, votando a favor de Sánchez, pero criticándolo. ¿Recuerda todo esto el lector? ¿Y recuerda para qué se hizo? ¿Y qué buscaba Sánchez con una victoria más reveladora de su carácter que de su propia política?

Tengo la sensación de que no estamos en el buen camino. No me gusta que un presidente tenga que hacer concesiones tras concesiones para mantener sus apoyos. Es algo democrático, cierto, pero no sabemos adónde nos puede llevar. De momento, a que Sánchez continúe en el poder con un respaldo suficiente, esto sí. Pero ¿se trata solo de conseguir eso? Porque, a este paso, tendrá que seguir dedicando mucho más tiempo a la lucha por mantenerse en el Gobierno que a gobernar. Y España necesita menos enredos dialécticos y más planes bien trazados y ambiciosos. Así lo demanda la situación.

Lo diré con claridad. No me gusta nada que la animadversión y la gresca entre partidos estén de regreso entre nosotros. Es legítimo que el presidente busque apoyos, porque no cuenta con una mayoría absoluta. Pero ese modo de cultivar cada apoyo lo condena a dedicar su mejor tiempo, no ya a gobernar (a pesar de su superpoblado Gobierno) sino a ceder una y otra vez en las negociaciones previas a cada decisión que quiera sacar adelante en el Congreso de los Diputados. Como ha sucedido tantas veces.

No pongo en cuestión ninguna legitimidad política acreditada por los votos de los españoles. Estoy hablando del buen gobierno que merecemos tener y que debemos exigir. Creo que el presidente Sánchez no lo tiene fácil, cierto, pero las dificultades hay que superarlas con talento y buenos programas, sin ceder a la tentación del chalaneo y el secretismo. Los pactos que propician o consolidan mejoras generales son bienvenidos siempre. Los que solo aspiran a echar pulsos y ganarlos, son estériles y rara vez generan beneficios sociales duraderos.

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Pulsos estériles