Racismo y redes sociales

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto CRÓNICAS DEL GRAFENO

OPINIÓN

Michael BrochsteinZUMA Wire

11 jun 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Como la cosa va por modas, ayer tocaba echarse un cubo de agua helada por encima de la cabeza, luego tocó aplaudir a las 8 de la tarde desde los balcones, y ahora toca arrodillarse durante varios minutos y hacer acto de contrición. Todo porque un agente, en un intolerable y despreciable abuso de autoridad, mató a una persona en Estados Unidos, un país-continente de 325 millones de habitantes. Imaginen Europa, con una población similar (de hecho, un centenar de millones más), la cantidad de injusticias, atropellos y extralimitaciones que se producen cada día, y no me cabe duda de que todos los años muere alguien por culpa de individuos que confunden el uniforme con tener patente de corso para cometer cualquier exceso.

Las sociedades democráticas tienen instrumentos para reconocer estos abusos y castigar a los culpables, pero para qué vamos a recurrir a ellos si tenemos las redes sociales.

Las redes son el matraz perfecto para desarrollar y propagar el virus del odio. Sanedrines que apuntan con el dedo acusador, sin pruebas, y deciden lo que está bien y lo que está mal. Pueden hundir las carreras de Kevin Spacey o Plácido Domingo, o impedir que Woody Allen publique sus memorias. O difamar a un periodista por ir más allá de lo establecido -y esa es la clave de esta profesión: rascar e interrogarse sobre si las cosas son como dicen que son- al analizar el crimen de Mineápolis, como le ocurrió a un colega recientemente.