El móvil como termómetro


Como el teléfono móvil se ha convertido en una navaja suiza, con el avance de la pandemia muchos pensaron que tomarse la temperatura con el smartphone sería coser y cantar: bastaría con descargarse una de las múltiples aplicaciones que en la Play Store prometen detectar cuántos grados tiene nuestro cuerpo y controlar así la fiebre. Pero los que lo hayan hecho se habrán dado cuenta de que estas app son un timo, que solo buscan vender publicidad y registrar los datos personales del usuario para después comercializarlos al mejor postor. Como mucho, algunas ofrecían la posibilidad de conectar al móvil un dispositivo externo (que debía comprarse por separado) que convertía el teléfono en un «termómetro digital»; pero como la conexión se hacía a través de la entrada de 3,5 mm -el jack de auriculares o conector de audio analógico- y esta ha sido progresivamente eliminada en los nuevos modelos, la aplicación solo funciona en antiguos teléfonos Android.

Una alternativa son los smartphones como el Cat S61, dotado de una cámara térmica capaz de percibir la energía calorífica invisible a una distancia de hasta 30 metros y grabar fotos y vídeos que resaltan los contrastes de temperatura. Sin embargo, esta utilidad está enfocada a usos industriales, como detectar la pérdida de calor alrededor de ventanas y puertas, identificar el sobrecalentamiento de electrodomésticos y circuitos, o localizar ganado en la oscuridad. Aunque ofrece un intervalo de temperaturas medibles de hasta 400 grados centígrados, no tiene precisión suficiente para trabajar como termómetro corporal.

Y en esto han llegado los chinos de Honor y han colocado en su último móvil un sensor de infrarrojos junto a la cámara trasera, capaz de medir la temperatura entre -20 y 100 grados centígrados. Lo único que hay que hacer es acercar el terminal a escasos centímetros de una persona o un animal. El Honor Play 4 Pro (6,57 pulgadas de pantalla, 8+128 GB, batería de 4.200 mAh y 5G) ha salido a la venta en el país asiático por 2.899 yuanes, algo más de 360 euros. Puede que tampoco sea lo más fiable, pero siempre es mejor que te apunten con un teléfono que con una de esas pistolas-termómetro cuando bajas del avión.

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