Programas y planes difuntos para la modernización de la Universidad


En los últimos días hemos asistido estupefactos a una singular pugna de iniciativas tendentes a modificar profundamente el diseño de la docencia en el sistema universitario gallego. La Xunta presentó un Programa de transformación a la docencia innovadora en el Sistema Universitario de Galicia, que encontró el rechazo frontal de la comunidad universitaria y de los propios rectores. Como rectificar es de sabios, el programa fue retirado pocos días después de haber sido presentado. Más hete aquí que, apenas difunto el programa, vio la luz un Plan de impulso y consolidación de las competencias digitales como apoyo a la docencia presencial en el Sistema Universitario de Galicia. Curso 2020-2021. Esta vez, la autoría correspondía a las tres universidades gallegas. El título es inatacable y difícilmente criticable. Avanzar en competencias digitales es siempre bueno. ¿Un buen plan? No lo sabremos, pues también al poco de nacer fue abandonado, al menos en la USC. Rectificar parece el sino de nuestros tiempos. Pero bienvenida sea la nueva rectificación.

El nuevo Plan no era sino un sucedáneo del difunto Programa. O, quizá, el viejo programa resucitado, maquillado y santificado, porque ahora la iniciativa ya no era política sino académica. Era el plan de las propias universidades. ¿Un marchamo de autoridad? En absoluto. Ambos compartían el don de la inoportunidad, el pecado venial de la pretensión y la moderna moda de la liquidez envuelta en una jerga biensonante.

Programa y plan surgieron al rebufo de la experiencia de estos últimos meses de docencia y evaluación no presenciales y su impacto aparentemente positivo en la calidad de la enseñanza. Aprovechemos el momento, parecen querer decir. Hagamos de la necesidad virtud, confiesa el programa de la Xunta. Pero la realidad es menos ideal. La realidad nos dice que hemos capeado el temporal a base de un extraordinario esfuerzo de estudiantes, profesores y personal administrativo. Que estamos salvando los muebles. Solo eso. Que no es poco, pero que no acredita ningún mérito para convertirse en ningún modelo en una situación de normalidad. No tiene sentido prolongar medidas excepcionalísimas en situaciones normales; convertir las actuales medidas coyunturales en estructurales. ¿O acaso alguien está pensando en una versión edulcorada de un estado de alarma universitario permanente?

Programa y plan han sido retirados. Muerto el perro se acabó la rabia, podríamos pensar. Pero en el refranero hay una ristra de ejemplos que llaman a la cautela, a la prevención. Es legítimo pensar que no hay dos sin tres, o que a la tercera va la vencida, y que, si la Xunta y las universidades tuvieron un acuerdo tácito, el tema volverá a ponerse sobre la mesa.

Creo que en las dos rectificaciones hubo acierto. Que el mejor destino del programa y del plan es, hablando de competencias digitales, la papelera de reciclaje. Que debemos centrar nuestros esfuerzos en afrontar las dificultades más inminentes de los próximos meses, y que, recuperada la normalidad, podremos encarar cualquier tipo de reforma estructural desde el sosiego, la historia y la experiencia de años, cuando no de siglos, de nuestro sistema.

Eso sí, animo a estar alerta. Aunque las propuestas hayan sido súbitamente borradas, me jugaría un café a que ni Xunta ni Universidades han presionado aceptar cuando se les preguntó: «¿Seguro que quieres borrar definitivamente estos ítems de la papelera?».

Por Santiago Álvarez González Catedrático de Derecho internacional privado de la USC

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