Y Bildu marca la pauta al Gobierno


Ver a los diputados de Bildu expresarse en el Parlamento o negociar con el Gobierno de España no deja de producir, en el fondo y con todos los matices tristes y trágicos que uno quiera, cierto halo de satisfacción por lo que ha sido la derrota de ETA. El mundo radical vasco dejó de moverse entre las tinieblas del terrorismo que sembró de muerte nuestro país y ahora participa del juego democrático como uno más en la partida.

Pero eso no quiere decir que Bildu y sus decenas de miles de votantes hayan eliminado de su ADN la totalidad de sus postulados y sus formas extremas de actuar. Ahí están la pintura roja y las octavillas con la palabra asesina que se arrojaron contra la casa de la dirigente socialista vasca Idoia Mendia. Para completar el menú de acoso, una caravana de coches se paseó delante de su domicilio haciendo sonar los claxon. Y si en su día a un dirigente aberzale le salía un sarpullido cada vez que se le pedía que condenara un atentado, hoy estamos igual con los actos de violencia que aún de vez en cuando se dan.

Preguntada por el ataque padecido por Mendia, Mertxe Aizpurua, portavoz de Bildu en el Parlamento, dijo: «Nosotros rechazamos toda expresión de violencia». Toda, se supone que incluida la cometida sobre la socialista, pero sin entrar en el detalle, no vaya a ser.

Preguntada de nuevo en la Sexta por si condena esos actos, esto respondió: «No sé, habría que ir al diccionario y ver lo que quiere decir la condena. Tiene muchas acepciones, una de ellas es la religiosa, pero lo que no puede ser es que hagamos de las palabras un arma para utilizar y para conseguir no mover posiciones...».

A Aizpurua se le recordó que condenar es la desaprobación de una conducta, acción o doctrina que se considera inmoral o censurable, a lo que respondió: «Yo ya lo he dicho. Hay otras posiciones que se dan muchas veces... quiero que digas lo que yo quiero que digas, pero lo siento, yo hablo como hablo y creo que tengo todo el derecho del mundo a decir lo que yo quiero decir, porque las armas no son neutras....». Y, finalmente, habló de hacer caminos en pos de la convivencia.

Aizpurua dice con la boca pequeña que no está a gusto con la agresión sufrida por Idoia Mendia, pero de condenar, nada de nada. En cambio, ella sí que fue condenada en su momento, allá por 1984, por apología del terrorismo a consecuencia de un artículo periodístico. Gran defensora de Otegi, periodista, exalcaldesa de Usúrbil y autora del libro Argala. Pensamiento en acción, en el que cuenta la vida y pensamiento de José Miguel Beñarán, alias Argala, dirigente de ETA asesinado en Francia por el Batallón Vasco Español, Aizpurua se ha convertido en un actor importante de la política española.

Este es el escenario en el que estamos, en un país en el que asuntos tan delicados y de enorme trascendencia, como es la derogación de la reforma laboral, son negociados por acreditados enemigos de todo cuanto tenga que ver con España. Es el resultado del diabólico camino que decidió recorrer Pedro Sánchez para estar al frente del Ejecutivo, un camino digno de ser condenado y que está llevando a este país a un nivel de estrés que se antoja insoportable. Estamos ante una forma de gobernar basada en el mercadeo, en el que lo mismo se cambian cinco abstenciones para un estado de alarma por una reforma laboral, que se pactan desescaladas a la carta.

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