Desescalada literaria


Mucho se ha hablado estos días de la literatura de las epidemias. Sobre todo, de La Peste de Camus, que se desarrolla en su Argelia natal -porque Albert Camus, como San Agustín, era norteafricano-, pero también de un libro menos famoso, cubierto bajo la arena de la fama de Robinson Crusoe. Me refiero al Diario del año de la peste, de Daniel Defoe, publicado hace trescientos años. Al leerlo, uno se encuentra con que nos está contando nuestros propios problemas con la pandemia. En realidad, Robinson también pasa un largo confinamiento en una isla semidesierta, donde salva la vida y convierte en su criado a un nativo al que llama Viernes. Eso lo aprendemos de niños, junto con Peter Pan. Y ahora viene la desescalada. Y es que, en el libro titulado Foe, el premio nobel sudafricano J. M. Coetzee, se lleva a los dos protagonistas al invierno pueblerino del Londres del siglo dieciocho y nos va narrando el frío que pasa Viernes, un hombre anciano y perdido que vive en un habitación en el Soho. A mí Coetzee me parece un escritor extraordinario, y se ve que al jurado del Premio Nobel también. Hace dos años vino a la feria del libro de Madrid a firmar, y lo pusieron en la «carpa presidencial», pero apenas firmó unos cuantos ejemplares -uno de ellos, por cierto, a mí-, misterios de la vida. Lo bueno es que le dio tiempo a pasear entre las casetas sin que nadie lo reconociera mas que el escritor nómada Sergi Bellver, que por cierto lleva tres meses confinado en Marrakech. Creo que está acabando una novela.

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