Como Portugal el 24 y 25 de abril de 1974, en la revolucão dos Cravos, España acaba de derribar su DictaCovid19. Y como en Portugal entonces, los más avispados se suben al carro de combate para conducir a la victoria al pueblo, «que é o que máis ordena». Empezó con el desmantelamiento del Ifema. Después desaparecerá la panoplia de caras que todos los días, dan el parte de muertos, contaminados, recuperados, leyendo en el teleprompter las palabras escritas por otro.
Si en esa rueda de prensa solo hubiera paisanos, habría menos tensión, o si los militares cambiaran sus códigos de barras tecnicolores por códigos QR en blanco y negro. Todo pasó por no hacer caso a la abuelita: ventila el cuarto, tápate la boca cuando tosas, lávate las manos, cámbiate los zapatos al entrar en casa, no vayas a sitios con mucha gente. Aparcamos a los viejos en la residencia, «estarás muy bien atendido», aunque si hubiéramos pedido control médico hubiera sido cum laude, para solo ir a verlos, de pascuas a viernes, a pasarles un virus. Como en una guerra de verdad, mientras las clases inútiles vegetaban en casa esperando el armisticio, los «sudras» retiraban la basura, limpiaban calles, hospitales, fabricaban ataúdes y los enterraban, traían comida, luz, agua, periódicos, noticias y tabaco. Y la especulación ayudando a crear nuevos ricos. Perdimos en días lo conseguido en años aunque están despejadas las puertas de embarque al más allá para personas y empresas. Llegó la hora de la victoria, y como en la revolução dos Cravos los listos subirán al carro de combate para añadir una hilera más en su pechera. Es ley de vida, decía la abuelita.