Feijoo nació de pie. Si había alguna evidencia política para este 2020, corroborada tras el bochornoso proceso de las primarias demócratas, era que Trump iba a repetir en la Casa Blanca. La plata en el pódium de las certezas la llevaba la continuidad de Urkullu, a pesar los escándalos de corrupción del PNV y del incómodo incidente del vertedero. Y dejemos en que solo era bastante probable, por eso el bronce, la reelección de Fejioo. Así lo constató la última encuesta hecha por Sondaxe entre el 10 y el 13 de marzo, hace apenas dos meses, justo antes de que todo se fuera al traste.

Hace apenas dos meses pero parecen dos siglos. Ya no está tan claro que Trump vaya a ganar, el bronce parece hasta excesivo. Urkullu maniobra en todos los frentes para evitar perder la plata. Porque el oro lo lleva ahora Feijoo, para quien once años en el cargo ya no son un lastre, sino más bien un aval. En estas ocho semanas intensas, difíciles para todo el mundo pero mucho más para cualquiera que tenga la responsabilidad de gobernar, Feijoo ha seguido fraguando su imagen de político fiable. Utilizando una metáfora excesivamente sobada, de alguien a quien le prestarías las llaves de tu coche.

Las cifras de muertos, enfermos con secuelas, negocios cerrados y trabajadores sin trabajo son durísimas. Pero si Feijoo se jubilara mañana, su hoja de servicios sería más que digna. Sobre todo si lo comparamos con casi todos sus coetáneos. Frente a presidentes autonómicos que siempre han ido por libre —al indepe Torra le ha salido la competencia de la indepe Ayuso— el de la Xunta ofreció lealtad institucional. Frente a la adolescencia de algunos colegas, madurez. El mérito, en este caso, es por la incomparecencia del rival: al lado de Sánchez, Iglesias y Casado, Feijoo parece Kennedy.

Por eso están que trinan los rivales. La oposición gallega llega muy mermada a las elecciones de julio. Con todo el mundo encerrado en casa, las teles han emitido durante dos meses un culebrón protagonizado por Sánchez y Feijoo. A Caballero, Pontón y Gómez Reino el confinamiento les ha sentado muy mal. No han tenido ni siquiera un papel de meritorios. Su único protagonismo ha venido por las intervenciones de sus satélites de Madrid. Casi ha sido peor el remedio que la enfermedad.

Solo han tenido una ventaja respecto a Feijoo: ocho semanas confinados deberían dar para mucho y no hay que dudar de que han hecho los deberes. Los programas electorales, que a mediados de marzo debían de ir ya camino de las imprentas, son hoy papel mojado. El programa para presidir la Xunta es muy sencillo. Debería tener solo dos puntos: 1) Un plan para que los próximos repuntes de la pandemia, más que probables, no nos vuelvan a pillar en las patacas. 2) Un plan fiable para que la gran pandemia económica y social, esta segura, porque el calor estival y los rayos UVA no generan empleo ni quitan el hambre, dure lo mínimo posible y se reparta de la manera más justa. Quien mejor explique estos dos puntos ganará el oro.

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Tienen el programa electoral hecho