Sanitarios de usar y tirar


Es normal que en una crisis sanitaria como la actual haya opiniones discordantes. Se puede compartir, o no, la duración del estado de alarma, las condiciones de la llamada vuelta a la normalidad, etcétera. Obviamente, se puede también criticar la actuación del Gobierno señalando sus errores o, por el contrario, ensalzar sus aciertos. Lo que no admite discusión es que lo que ha ocurrido con el personal sanitario no tiene justificación.

Los profesionales del sector sanitario (médicos, enfermeras, farmacéuticos, personal auxiliar) no son héroes, cobran por su trabajo. Pero deberíamos buscar una forma de llamarles porque, casi dos meses después de iniciada la epidemia, todavía muchos de ellos tienen que enfrentarse al virus sin la protección adecuada; recuerden que hay cerca de 50.000 sanitarios contagiados.

Adicionalmente, no pocos realizan jornadas maratonianas, con el estrés añadido que genera el virus, aprendiendo nuevos protocolos, a la vez que continúan su actualización para mejorar los tratamientos y cuidados. Esto, obviamente, no les va en el sueldo pero sí en el compromiso con el sistema sanitario público que les ha formado y que, más allá de esta epidemia, se manifiesta cada día en nuestros hospitales y centros de salud.

Por eso me indigna que contenida la fase inicial de la epidemia, les haya faltado tiempo a muchos gestores para empezar a cancelar -o no renovar- contratos, a cerrar unidades de cuidados intensivos, etcétera. Es increíble que en plena fase de desconfinamiento, cuando es esperable algún repunte en el número de contagiados, las autoridades sanitarias no sean conscientes de a dónde nos han llevado los recortes de la última década.

Aunque no soy un experto en estas cuestiones, creo que de la misma manera que la «vuelta a la normalidad» debería guiarse en cada territorio por la regla 14:0 -cero casos nuevos en los últimos catorce días-, nada debería cambiarse en los servicios sanitarios hasta alcanzar ese objetivo; a partir de ahí, hasta la aparición de una vacuna contra el virus, debería reforzarse el sistema en previsión de cualquier eventualidad.

Es verdad que algo apuntan las condiciones del Gobierno para el cambio de fase, pero es necesario concretar cómo se va a reforzar la atención primaria y los hospitales en el capítulo de personal en los próximos meses. Para ser más concreto, se deberían mantener todos los contratos actuales, reforzando las plantillas de médicos, incluidos los servicios de urgencias, con la prorroga de los contratos de MIR de último año. Es imprescindible mejorar la plantilla de enfermería y farmacia, además del personal auxiliar, y, finalmente, mantener activas unidades que evalúen la situación en cada momento y la necesidad de medios de protección.

Esa es la responsabilidad de los gobiernos y de los miles de gestores sanitarios que hay en los hospitales, áreas sanitarias, consejerías autonómicas y en el Ministerio de Sanidad. Y, por cierto, antes de decirnos que eso cuesta dinero, hagan cuentas de lo que nos ha costado su imprevisión, los recortes en sanidad, en investigación, etcétera, y lo que nos puede costar un nuevo rebrote del virus.

Esperemos que, como en el último dibujo de Banksy, los nuevos «superhéroes» no acaben en la papelera.

Javier Guitián es catedrático de Botánica de la USC

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