Libertad vigilada


Los niños y los adultos que los pasean tienen desde hoy permiso para volver a pisar la calle después de mucho tiempo y dar los primeros pasos hacia esa libertad vigilada que es la nueva normalidad. Una normalidad con aroma a cloro, supervisada y poco sociable en la que sigue habiendo más preguntas que respuestas y todavía muchas cautelas. Ante esta apertura de puertas se da por sentado un entusiasmo colectivo que en algunos provoca recelo.

Nadie sabe lo que deparará el futuro, pero observar a los que van retomando la actividad permite esperar un panorama distinto de aquel con el que llevamos semanas soñando desde la ventana. Estresa leer con detalle los protocolos que se aplicarán, por ejemplo, en algunos platós de televisión que a partir de este lunes recuperan su vida entre nebulizaciones de desinfectante y mamparas de separación. En las impolutas cocinas de MasterChef, que se encienden de nuevo, se acabaron las carreras colectivas al supermercado, las mesas de grupo pasarán a ser individuales y será obligatorio guardar las distancias. En este y otros programas se adoptará una prevención que probablemente llegará a la vida diaria a la hora de entrar en recintos cerrados: los controles de temperatura. Olvídense los padres que aprendieron en el pediatra que por debajo de 38 no es fiebre. Todo el que supere los 37,3 grados será enviado a casa.

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