«Tomádeslle unha?»

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

En medio del dolor que provoca esta tragedia de la pandemia hay siempre un oasis amable en donde aliviar el confinamiento forzoso. Hace pocos días descubrí, desde la clausura de mi ventana, el alboroto amable de las primeras golondrinas que saludaban a la primavera en su vuelo circular. Y otro día encontré una noticia en este diario que daba cuenta de la recuperación de la enfermedad maldita, que una vez superada fue trasladada desde el hospital a su casa de Marcón, en Pontevedra.

Preciosa Quiveo, de 85 años, llegó a la puerta de su hogar en una ambulancia. La acompañaban un conductor y dos enfermeros o celadores protegidos con máscaras, gafas y trajes especiales para evitar contagios. Y fue antes de despedirse cuando Preciosa se dirigió a ellos para invitarles, preguntándoles: «Tomádeslle unha», lo que provocó una larga sonrisa tras las mascarillas de sus acompañantes. Es sin duda la frase alegórica del coronavirus en el país gallego, la metáfora de una tierra generosa, el grito de guerra de quien venció a la enfermedad y tal vez a la muerte.

Y me viene a la memoria la célebre frase de los vecinos de Betanzos, pronunciada hace casi dos siglos cuando el regidor perpetuo de la ciudad del Mandeo preguntó desde el balcón a los ciudadanos reunidos frente al consistorio: «Betanceiros, que queredes?». Y escuchó al unísono la respuesta: «Que suba o pan e baixe a caña». Y al día siguiente bajó el aguardiente.

No sabemos cuál era el destino alcohólico de la invitación, acaso un botellín de cerveza, o quizá una botella de buen vino, un godello frío, o un albariño, o, por qué no, una copa del buen orujo del país o del licor café guardado por Preciosa para las ocasiones especiales, como esta cuando regresaba curada a su casa.

Era sin duda su manera de mostrar la gratitud al universo de los sanitarios que se habían esforzado en conseguir su curación. Gratitud campesina de las buenas gentes que ofrecen lo mejor que tienen, y no hay celebración en Galicia que no termine con un brindis por la salud y una copla que ratifique el bienestar.

Preciosa estará pasando la cuarentena tras superar la maldita enfermedad. Ella sí, es una heroína que desanduvo a sus 85 años un camino del que no siempre se regresa. Ahora mismo voy a tomar una cerveza a su salud. Ella sí es, más que nunca, una estrella de Galicia.