La victoria del robot

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

María Pedreda

20 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

En 1981, y por primera vez en la Historia, un robot «asesinó» a un hombre. La víctima fue el japonés Kenji Urada, de 37 años. El robot lo golpeó con su recio brazo y lo empotró contra una máquina cercana. El hombre murió poco después en un hospital. La noticia se difundió en todo el mundo, por estimarse que confirmaba una amenaza del futuro: la venganza de la ciencia-ficción. Muchos intelectuales presagiaron entonces que algún día los robots se rebelarían contra sus creadores, en una versión actualizada de una leyenda luciferina, como advirtió por entonces el escritor José María Gironella en un artículo titulado Nuestro enemigo.

La realidad es que, en los 39 años transcurridos desde la muerte de Kenji Urada, en nuestro mundo han ocurrido muchísimas más cosas de las que temían los coetáneos de la víctima japonesa. De hecho, ahora sí que vivimos en una «época distinta» con avances que algunos (sobre todo, entre los de más edad) consideran abominables, inmanejables y peligrosos. Pero ya son imparables. Gironella acertó en 1981 al magnificar la victoria del robot, pero se quedó muy corto -y no podía ser de otro modo- al intentar imaginar el futuro. Si hoy despertase, tal vez no reconocería el mundo que abandonó en el 2003, ayer como quien dice. Porque algo de límites inciertos se está moviendo sin cesar, el horizonte no para de agrandarse, y ya ni se sabe si es para bien.

Tengo la edad suficiente para conocer a muchos escépticos que desconfían de eso que antes llamábamos las nuevas tecnologías y que muy pronto -lo sé- envejecerán y serán relevadas por otras mucho más avanzadas. Hay algo que nos hace temerlas, justamente porque no parecen tener límites. Y quizá porque intuimos, como escribió el periodista Sidney Harris, que «el verdadero peligro no es que los ordenadores empiecen a pensar como los hombres, sino que los hombres empiecen a pensar como los ordenadores». Algo que quizá ya está ocurriendo. Porque, como nos advirtió el gran Albert Einstein, «se ha vuelto terriblemente obvio que nuestra tecnología ha superado nuestra humanidad». Admitido esto, se trata de lograr que los humanos recuperemos el control de nuestras propias creaciones de todo tipo. Por nuestro bien.