Los españoles no creen a Pedro Sánchez


Incluso el sondeo del CIS improvisado por el socialista José Felix Tezanos para presionar a la oposición se lo acaba de decir. Un 60 % de los españoles no confían en Pedro Sánchez y la mitad de la población no apoya su gestión en la crisis del COVID-19. Pese a ello, el jefe del Ejecutivo sigue sin reconocer un solo error. Ni el haber ignorado la gravedad de la situación, ni la irresponsabilidad de alentar manifestaciones multitudinarias el 8M cuando había ya diez muertos y 520 contagiados en España, ni el haber instaurado el caos en las compras de material sanitario, desprotegiendo al personal médico y al resto de la población. Todos ellos son graves fallos de gestión que explican en parte el suspenso de los ciudadanos. Pero hay más. En lo político, el mayor error de Sánchez ha sido invocar los Pactos de la Moncloa como referencia a seguir para ganarse el apoyo de los partidos, los ciudadanos y los agentes sociales. Y lo es, porque Sánchez solo puede salir malparado en la comparación con la figura del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez. Es difícil encontrar dos perfiles y dos talantes políticos más distintos.

Consciente de que no podría afrontar una crisis tan grave en solitario, Suárez puso todo su empeño en seducir a la oposición, especialmente al líder del PSOE, Felipe González, que por cierto era el más reacio a firmar aquellos pactos, ya que ansiaba ocupar el poder tras la caída del Gobierno. La diplomacia y el buen trato de Suárez al resto de líderes, con los que multiplicó el diálogo previo, lograron generar un clima de confianza sin el cual habría resultado imposible aquel histórico acuerdo. Todo lo contrario a lo que ha hecho Sánchez: adoptar sin consultarlo con nadie medidas que afectan gravemente a la economía y recortan las libertades, y despreciar constantemente al líder de la oposición. Resulta inimaginable que Suárez hubiera anunciado una cita con Felipe González en una rueda de prensa y sin avisarle previamente, como ha hecho Sánchez con Casado. Y también que, a pocos días antes de iniciar los contactos, el entonces portavoz de UCD, Leopoldo Calvo Sotelo, llamara «indigno» al líder de la oposición, como ha hecho Adriana Lastra. La comparación con los Pactos de la Moncloa resulta aún más patética cuando en el propio Gobierno hay fuertes discrepancias y el vicepresidente Pablo Iglesias se dedica en plena crisis a fustigar a la oposición, demonizar a los empresarios, plantear nacionalizaciones y atacar al jefe del Estado.

Resulta muy difícil creer que con esas actitudes Sánchez e Iglesias aspiren realmente a alcanzar unos Pactos de la Moncloa. Lo que pretenden es mutualizar su fracaso político ante la crisis del COVID-19 y provocar al PP para presentarlo como una oposición desleal que no quiere acuerdos. Si Sánchez busca realmente la unidad política frente al coronavirus, debería empezar por tener un poco más de humildad, escuchar a los demás y generar empatía, en lugar de insultar a todo el que no apoye lo que él e Iglesias ya han decidido. Si sigue por ese camino, hasta Tezanos tendrá que seguir diciéndole que los españoles le dan la espalda.

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