Buscando a Pericles

Jaime González-Ocaña TRIBUNA

OPINIÓN

María Pedreda

La pandemia del coronavirus ha evidenciado la crisis de liderazgo en la que está sumido el mundo; en particular, nuestras democracias occidentales. Y es que una crisis nacional es el escenario histórico más apto y épico para medir la capacidad de liderazgo político. Que no es más que la capacidad para actuar de manera correcta con la poca información fiable de la que se dispone y un conocimiento limitado de la realidad del problema.

El primer estudio serio de nuestra civilización occidental sobre este tema aún no ha sido superado. Me refiero al historiador clásico Tucídides y a su Historia de la guerra del Peloponeso, la narrativa de la guerra entre Atenas y Esparta que sacudió los cimientos del mundo griego, a finales de siglo V a.C. En la formulación de Tucídides, el líder en medio de una crisis nacional vive en ese precario equilibrio que supone la necesidad de tomar decisiones monumentales en un escenario siempre cambiante, ante factores imprevisibles.

El objetivo del líder, en cierto sentido, es ver el futuro: anticiparlo, adelantarse a la historia. Y la historia no es más que el esfuerzo del hombre por imponer su intelecto en la realidad del mundo. Ahora bien: el mundo -la realidad- se niega a someterse a los designios del intelecto humano, produciendo constantemente la incursión de variables que tiran por la borda los mejores planes, los análisis de los más brillantes hombres de Estado.

El líder por antonomasia para Tucídides era el gran estadista ateniense Pericles. Inteligente pero atrevido, racional pero valiente, culto pero carismático. Pericles propone a los atenienses una estrategia militar revolucionaria basada en la defensa de la ciudad y el despliegue del imponente poder naval ateniense. Pero he aquí que al final del primer año de la guerra todo el plan se va abajo. ¿Por qué? Una virulenta e imprevisible enfermedad infecciosa, una terrible y misteriosa plaga asola Atenas, contaminando a la mitad de la población y causando la muerte de más de un tercio de los atenienses, incluyendo Pericles. (el propio Tucídides cae enfermo y está a punto de morir, pero milagrosamente se recupera y vive para contarlo.)

Y aquí estamos 2.500 años después, metidos hasta los codos en una batalla global contra otra enfermedad infecciosa, apelando a que nuestros Pericles nos guíen a través de esta crisis, uno más de los terribles desafíos globales desde la debacle económica del 2008.

Intelectuales y analistas han hecho sonar las alarmas desde hace años: nos hemos acostumbrado a elegir líderes mediocres. No quiero parecer cínico, ante una situación tan seria como la crisis del COVID-19. Pero esta pandemia ha revelado que nuestros líderes, en muchos puntos del mundo, son unos irresponsables, unos ignorantes e incluso unos mentirosos. Harían llorar al pobre Tucídides.