Jaque a la economía


La pandemia derivada del COVID-19 está teniendo un impacto muy profundo en la economía. Los analistas más rigurosos creen que los efectos de dicha perturbación serán transitorios; aún así, van a dejar una huella muy profunda. De ahí, la discusión teórica de si la salida ordenada de esta situación toma la forma de una V (fuerte caída y rápida recuperación); de una U (caída intensa y recuperación más prolongada en el tiempo); o de una L (fuerte caída y reactivación en el largo plazo). Las cuestiones básicas se resumen, a mi juicio, en dos consideraciones: la primera, ¿cómo cuantificar los efectos, en qué ámbitos se circunscriben y con qué intensidad?; y, la segunda, ¿cómo recuperar los niveles de actividad, el consumo y la inversión; y cuáles son las medidas a instrumentalizar?

En lo tocante a los sectores afectados la enumeración es amplia. En primer término, esta pandemia provoca un disloque de la oferta, en la medida que los cierres de empresas suspenden de raíz tanto el suministro de bienes comerciales como las compras en muchos segmentos, afectando directamente a las cadenas de suministro globales. En segundo lugar, al estar confinados en los hogares y con el cierre de muchos establecimientos comerciales, los niveles de consumo se reducen, con lo que las compras se desploman; y, lógicamente, las empresas se ven afectadas de manera directa. Y, en tercer término, se registra una pérdida muy abultada de la riqueza financiera. Es probable que algunas empresas y hogares se queden pronto sin dinero, lo que les hará depender de sus ahorros líquidos. Las actividades más proclives a una recesión y reestructuración temporal están concentradas en el sector turístico, transportes, comercio, automoción, servicios creativos, artísticos y de espectáculos, deporte, textil, metalurgia y productos de la madera, entre otros. Los primeros análisis referidos a la cuantificación empiezan a aportar avances en lo tocante a cifras. Unos, como el Ceprede, sitúa la economía gallega en el rango intermedio dentro de España (alrededor de una reducción del 1,4 % del PIB, para el período de alarma). Goldman Sachs, por su parte, evalúa que la economía española se desplomará un 9,7 % del PIB en este año, para luego rebotar y crecer a un 8,5 % el próximo ejercicio. Otro organismo, el IESE, calcula que los efectos podrían oscilar entre 3,9 % y el 10 %, en este año.

En lo que hace referencia a cómo recuperar los niveles de actividad, mi opinión es que debemos conocer, por una parte, nuestra capacidad de resiliencia, y, por otra parte, calificar las medidas gubernamentales. En base a la primera, Galicia ha mostrado, desde la recesión del 2008, una capacidad de resistencia relativamente alta; pero de recuperación baja. Es decir, hemos tardado bastante tiempo en volver (en términos de PIB y de empleo) a la situación pre-crisis. Y en lo que significan las acciones gubernamentales, se sigue una máxima correcta: poder garantizar, al mismo tiempo, el cierre de la vida pública con que el Estado siga funcionando; que los suministros sigan asegurados; y preservar al máximo el ritmo de la actividad económica como sea posible, pero reduciendo también todo lo posible los riesgos de las personas. Las medidas adoptadas son amplias y responden a múltiples casuísticas. Solo un apunte sobre ellas: es preciso facilitar su cumplimiento, o sea, simplificar los procedimientos administrativos. En suma, lo relevante es la sencillez y la rapidez con que se puedan aplicar. En este aspecto es donde debemos aplicarnos.

Un último apunte es la respuesta europea. Desde Jacques Delors, antiguo presidente de la Comisión, Europa está llegando tarde a todos los acontecimientos. Además no logra la coordinación ni el acuerdo entre países. Así como el BCE ha inyectado un bazoca de 750.000 millones de euros, ahora le tocaría el turno a la Comisión. Su respuesta es la garantía de supervivencia de la organización; no valen ni tienen excusa las disputas internas. Ahora, sin tabúes sobre el déficit y deuda, se puede implementar un Plan Económico de Activación y Recuperación amplio, profundo y sostenido. Es su tarea y su misión. En suma, los escudos ante esta pandemia son de tres tipos: de índole médico-sanitario, de ámbito empresarial, y de orden social.

Finalizo expresando mi gratitud y apoyo al personal sanitario, médico, fuerzas armadas, policía, dependientes, transportistas, agricultores y ganaderos, pescadores y mariscadoras… A todos, gracias, ánimo y cuidaos mucho.

Por Fernando González Laxe Ex presidente de la Xunta de Galicia

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