Coronavirus: fracaso colectivo de Europa

Karel Lannoo LUCHA CONTRA EL CORONAVIRUS

OPINIÓN

María Pedreda

24 mar 2020 . Actualizado a las 10:17 h.

Los segundos cien días de la Comisión Von der Leyen han invertido por entero los planes para los cien primeros y los han movido hacia un segundo plan. El objetivo para una Comisión geopolítica, una política industrial y las ambiciones para una autonomía estratégica toman ahora un significado totalmente diferente del que tenían hace solo unas semanas. Se necesitará cambiar las prioridades y enfocar esfuerzos hacia la investigación biotecnológica conjunta. Debería despertar en los estados miembros la necesidad de planificación en toda la UE para enfrentar las amenazas de pandemia global.

A diferencia de lo que se ha dicho, la UE no ha fallado en esta crisis sino más bien los estados, o Europa en su conjunto, negando la amenaza de la pandemia y la diversidad de puntos de vista sobre cómo abordarla. La política sanitaria no es una competencia de la UE. Incluso hoy persiste el debate sobre cómo enfrentar esta crisis: vean por ejemplo a los Países Bajos o el Reino Unido, que debaten la necesidad de un bloqueo o la posibilidad de una «inmunidad colectiva».

Sin embargo, las entidades de la UE a cargo han estado casi ausentes en esta crisis. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), que es oficialmente la «agencia de la UE destinada a fortalecer las defensas de Europa contra las enfermedades infecciosas», no emitió ninguna advertencia previa. La Comisión, que supervisa a la agencia, también ha estado siempre por detrás a medida que crecían la amenaza y la curva de la pandemia. La Dirección General de la Salud guardó silencio. La presidenta de la Comisión, que es doctora, y el presidente del Consejo Europeo solo empezaron a actuar en las últimas semanas.

¿Cómo hacer una agenda positiva al margen de esta calamidad? La UE deberá emprender un plan de acción multidisciplinario para recuperar la confianza y mostrar al mundo en general que tiene el control. Tendrá que abordar cuestiones de gobernanza y asuntos geopolíticos, política industrial, investigación y asuntos de políticas sociales.

Por el lado de la gobernanza, la UE tendrá que mirar con más detalle la seguridad social y especialmente el gasto en atención médica de los estados miembros. Aunque se ha hecho hasta cierto punto, será necesario profundizar para detectar grandes discrepancias entre los países y permitir ganar eficiencia con el gasto en atención médica. En los últimos días, muchos ciudadanos han sido conscientes de las enormes diferencias que hay en las prácticas y capacidades en la atención de salud pública en la UE. Esto tendrá que estar mucho más alineado y se promoverán las mejores prácticas. No debe excluirse un cambio en el Tratado de la UE para otorgarle a la Unión más competencias.

En lo que se refiere a la dimensión geopolítica, la UE necesita un control mucho más estrecho de sus capacidades y autonomía estratégica en equipos farmacéuticos y médicos. La UE y sus vecinos albergan un sector industrial vibrante en este ámbito, pero no existe un monitoreo disponible públicamente sobre dónde estamos. Lo mismo ocurrió con el estallido de la crisis financiera del 2008: no existían datos comparables de exposición del sector financiero europeo, ahora están disponibles instantáneamente.

En caso de que parezca que no hay suficiente capacidad disponible, se debería responder con una política industrial europea. La UE la presentó el 11 de marzo, pero aún no se había redactado teniendo en cuenta la actual crisis sanitaria. Los sectores farmacéuticos son globales por naturaleza, por lo tanto el enfoque nacional está desfasado en una UE muy interconectada.

Las políticas nacionales y europeas de I+D también se han desconcertado por la crisis actual. A los ciudadanos se les ha dicho que la vacuna solo estará disponible dentro de 18 meses, mientras que enormes fondos se están dedicando a la investigación biotecnológica en los estados miembros. ¿Por qué se equivocaron? ¿Existe suficiente coordinación europea en esta agenda de investigación? ¿O estamos ante una forma más de competición regulatoria? ¿Se ajustarán rápidamente estas agendas?

Por último, pero no menos importante, está la dimensión social. La crisis actual no afecta necesariamente a los europeos de manera uniforme. Si bien, en general, Europa tiene el sistema de atención de salud pública más generoso del mundo, los primeros datos sobre el coronavirus indican que afectó principalmente a los ancianos, los menos formados y los más pobres. Ya se estaba trabajando para obtener un salario mínimo en toda la UE, lo cual se acelerará con esta crisis, sin duda.

En términos generales, la pandemia actual es también un gran desafío para la ambición de la UE de formar una unión cada vez más estrecha. La cohesión entre regiones y países se verá afectada, ya que parece que existen grandes diferencias en la atención médica, y aún más si esto afecta a la situación de las finanzas públicas y los diferenciales. El programa de compra masiva de valores del BCE (PEPP) puede abordar este problema temporalmente, pero las soluciones a largo plazo deberán venir de otras instituciones.

La crisis actual requiere una gran reflexión sobre las prioridades políticas de la UE para los próximos cinco años.