Televisor de compañía


Siempre resultó sorprendente el hecho de que el televisor de las habitaciones de hospital tenga la consideración de artículo de lujo, un privilegio que aquellos que puedan deben pagar aparte, como quien quiere saborear un vino caro mientras come el menú del día. No se trata de que los centros médicos ofrezcan canales de pago ni packs premium con los contenidos más caros del mercado. Durante un ingreso tedioso, el paciente debe ir metiendo monedas para ver un simple informativo o cualquier programa generalista que le permita acortar las tardes haciendo algo tan terapéutico como dejar la mente en suspenso un instante.

Es innegable la compañía que un televisor puede hacer a un enfermo, especialmente en este momento en que las visitas están lógicamente restringidas, cuando no totalmente prohibidas en el caso de las personas aisladas. Entre todos los llamamientos que se hacen estos días en las redes sociales, miembros del personal sanitario reclaman también para los pacientes solos y confinados una prestación tan básica y asequible como televisión gratis. Nada más. Poder sintonizar La 1, Antena 3 o Telecinco no parece mucho pedir para alguien que no está veraneando en un hotel, sino doliente y desamparado frente a una pantalla que parece instalada solo para hacer caja.

Las peticiones han tenido su efecto en los centros públicos de varias comunidades. Ha tenido que llegar un drama como esta pandemia para que alguien se diera cuenta de que la televisión también puede tener un importante efecto placebo.

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