Iker Jiménez y Lorenzo Milá


Por desgracia el coronavirus nos ha traído un desasosiego informativo que nos ha hecho golpearnos contra paredes duras que ha habido que ir derribando para conocer la verdad de lo que está pasando. Pero en este camino de piedras conviene también pararnos a pensar cuántos prejuicios televisivos tenemos instalados y cómo esos prejuicios afectan a profesionales que llevan muchos años trabajando delante de una cámara. Iker Jiménez, el presentador de Cuarto Milenio, ha tenido que sufrir ese desprecio de quienes ven en él un fantasma, una sombra de un fenómeno paranormal que en ocasiones ve muertos. Pero es de justicia reconocerle que todos los que lo llamaron trastornado cuando hace dos meses contó en varios especiales la que se nos venía encima estaban muy equivocados. Jiménez lo ha dicho bien claro: «Quienes hablan en mi programa son los científicos, los epidemiólogos de universidades prestigiosas de todo el mundo, como Harvard o Stanford, yo soy solo un moderador, alguien que pregunta y quiere buscar la verdad; lo que pasa es que muchos hablan, nos critican, pero no nos ven». «No hay que alarmar, pero ¿cuándo se salvan vidas?: ¿cuando no se alarma o cuando no se informa?», se ha desahogado Jiménez en estos días en que, lamentablemente, el monstruo se nos ha echado encima. Muchos aplaudieron a el ejercicio periodístico de Lorenzo Milá hace unas semanas cuando nos llamó a la calma en aquel telediario en el que explicó que el coronavirus era solo una gripe. No hay que echar leña al fuego, pero entre Jiménez y Milá solo uno tenía la razón.

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