Está estos días en las pantallas de los cines gallegos la película El Escándalo. Un filme que cuenta el desgarro de los acosos de Roger Ailes sobre presentadoras y empleadas de la Fox News. Un tiburón de los medios que tenía por costumbre intentar tragarse todo lo femenino que entrase por su despacho y que medía las oportunidades que les daba por la «lealtad» que le devolvían en forma de silencio. Ese silencio que pesa como el plomo en el fondo del ánimo. Las lágrimas robadas que nunca tienen vuelta. O la ansiedad que no les deja conciliar el sueño una noche tras otra. Un depredador sin recato asentado en su torre que despachaba con comentarios groseros y sexistas sus relaciones con las trabajadoras. A Gretchen Carlson, interpretada por Nicole Kidman, se le inflaron las narices y dijo basta. No lo tuvo fácil, pero se desencadenó el escándalo. Sin embargo, las desgracias nunca vienen solas y ayer saltó el veredicto de la investigación de un sindicato independiente de artistas de la ópera en USA. El dedo acusador se situó sobre Plácido Domingo, que, tal vez, se tomó demasiado en serio aquella aria del Rigoletto de Verdi que viene a decir que «la donna é mobile qual piuma al vento...» y alargó el brazo y la mano sin medida, lo tomó por costumbre y pasó a formar parte de la especie de los Roger Ailes, esos personajes de pedestal que un día se caen con estrépito porque una, ya cansada y extenuada, levanta la voz y detrás de ella vienen otras que sufrieron en silencio las mismas penurias.

Se equivocó Plácido, como la paloma de Alberti, se creyó «que tu falda era tu blusa, que tu corazón, su casa».

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Plácido