El PP es el peor enemigo del PP

EFE

Una vez más se confirma que el peor enemigo del PP es el PP. En un escenario político en el que todos los factores son favorables para desgastar electoralmente al PSOE y al Gobierno de Pedro Sánchez, con la economía gripada, con el escándalo del Delcygate, con la pleitesía a un Torra condenado por desobediencia o con la cesión de la gestión de la Seguridad Social al País Vasco para comprar el voto de PNV, la dirección nacional de los populares acaba de pegarse un nuevo tiro en el pie. Y lo hace a 40 días de que se celebren los comicios en el País Vasco y en Galicia, dando así aire y argumentos a sus rivales políticos de cara a la campaña. Ni los peores enemigos de Pablo Casado y de Alfonso Alonso podrían haber imaginado un guion en el que las cosas se hicieran peor. El choque de Génova con Alonso, el último sorayista vivo en el PP junto a un Juan Manuel Moreno que se salvó de milagro en Andalucía, se veía venir desde hace meses. Si no hubiera sido la coalición con Ciudadanos, habría sido cualquier otra la excusa que habría provocado la ruptura. Y, sin embargo, unos y otros han permitido que el conflicto se fuera pudriendo hasta estallar en el peor momento.

No es de recibo que la dirección de Génova se haya dedicado a despotricar contra Alonso ante todo el que quisiera escucharla, que pactara con Cs sin hablar siquiera con él y que, sin embargo, Casado lo confirmara hace dos semanas como candidato. Y tampoco se entiende que Alonso, después de fracasar sin paliativos en las últimas elecciones vascas, se creyera con autoridad para echar un pulso a Casado o para imponer nada a la dirección de su partido. Es difícil saber quién ha actuado de forma más irresponsable, pero el daño ya está hecho. El PP no tenía nada que perder en el País Vasco, pero en Galicia Feijoo puede jugárselo todo por un puñado de votos. Y tendrá que intentar ganar una vez más pese al lastre de su partido. Ya le ocurrió en las elecciones del 2016, cuando a 20 días de los comicios gallegos Rajoy tuvo la brillante idea de designar al exministro José Manuel Soria, que acababa de dimitir envuelto en un escándalo de sociedades opacas en paraísos fiscales, como alto cargo en el Banco Mundial. Entonces, Feijoo tuvo que dar un golpe encima de la mesa y frenar un nombramiento que consideró «difícil de entender».

El presidente de la Xunta decidió adelantar las elecciones y hacerlas coincidir con las vascas para escapar de las catalanas y del día de la marmota independentista. Pero visto lo visto, de quien quizá debió huir es de su propio partido, evitando que las torpezas del PP en el País Vasco contaminen su campaña en Galicia. Lo más incompresible es que el resultado de todo este despropósito es que Casado se va a estrellar en el País Vasco junto a Ciudadanos y con el aznarista Iturgaiz, que estaba ya más dedicado al acordeón que a la política, con lo que su propuesta de coaligarse con Cs en las generales saldrá debilitada, mientras que Feijoo tiene todas las de ganar en Galicia negándose a perder las siglas del PP y no solo sin la ayuda, sino a pesar de su propio partido.

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