Encuestas a boca de urna


A lgunos lectores estuvieron a punto de sufrir un síncope cuando leyeron la noticia: las encuestas a boca de urna en Irlanda daban un espectacular crecimiento electoral del Sinn Féin. Para unos, el drama era el crecimiento del que había sido brazo político del IRA. Lo que impresionaba a otros eran los sondeos a boca de urna. Para estos fue como un disparo a boca de cañón, que es como decir a bocajarro, a boca de jarro, a cañón tocante o a quemarropa. Todo un impacto, vamos.

La locución adverbial a boca de se emplea para indicar que algo se hace desde muy cerca o está próximo. De ahí el a boca de cañón, a boca de invierno (‘al empezar el invierno’), a boca de noche (‘al anochecer’) y a boca de urna (‘junto a la urna’). Alguna de estas expresiones, como a boca de noche, aparece ya en textos del siglo XIII y es usual en las centurias siguientes. La emplean Quevedo, fray Luis de Granada y santa Teresa de Jesús, que escribe en el Libro de las fundaciones (1573-1582): «Buscamos prestado aderezo para decir misa, y con un oficial nos fuimos a boca de noche con una campanilla para tomar la posesión».

  En cambio, a boca de urna y su variante en boca de urna aparecieron recientemente, hace apenas medio siglo. Se aplican a los sondeos que se hacen preguntando por el sentido de su sufragio a quienes acaban de votar. Se emplean en varios países de Centroamérica y del Cono Sur. Así, un servicio de noticias nos informaba hace solo unos días: «El partido Acción Popular habría logrado el 11,8 % de la votación en las elecciones congresales 2020, según el sondeo a boca de urna de Ipsos Perú». Por lo menos se evita del exit poll inglés.

En España se habla más de encuestas israelitas y de encuestas a pie de urna. La locución que significa ‘junto a algo o a su lado’ es al pie (Encontró setas al pie del árbol), pero parece haber perdido el artículo, del que carecen las muy asentadas a pie de obra y a pie de fábrica, y hoy todo está o se hace a pie de algo, desde los sondeos a pie de urna a los accidentes a pie de carretera, pasando por el periodismo a pie de calle. Claro que a ver quién censura algo que ya empleaba Cervantes: «Y pocas o ninguna vez he visto, si mal no me acuerdo, ninguna gitana a pie de altar comulgando, puesto que muchas veces he entrado en las iglesias» (El coloquio de los perros [Novelas ejemplares], 1613).

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