No somos alemanes. Ni queremos


Lo pueden ustedes reconocer siguiendo las políticas de Arrimadas, también las de Casado. Lo digo por sus acuerdos de investidura y de legislatura con Vox en Andalucía, Murcia, Madrid, y Castilla y León. Allí no estaba al acecho el independentismo que ahora esgrimen para reivindicar la ridiculez del Mejor Juntos, nueva marca propia y repipi de Arrimadas para el arriesgado, aunque quizá no supremacista, España Suma de Casado, Álvarez de Toledo y García Egea, bajo el amparo del discurso patriótico de José María Aznar.

Andalucía, Murcia, Madrid, y Castilla y León tenían una lista más votada, por más que fuera de izquierdas. Pero ni Casado ni Arrimadas o Rivera estaban en condiciones de contemplar tal posibilidad. Porque ni ellos, y muchos menos Aznar, tienen nada que ver con Ángela Merkel, ni siquiera con el duro y ortodoxo de la austeridad Schäuble. Vean sino la respuesta radical de la canciller alemana Merkel ante los acuerdos con la extrema derecha en el parlamento de Turingia: «Es imperdonable y el resultado debe ser revertido». Hasta el extremo de que la crisis política desatada en el seno de la CDU por haber aceptado sumar sus votos con los de la extrema derecha provocó la renuncia de la nueva líder federal de la CDU, ministra de Defensa y sucesora de Merkel al frente de la CDU. Insistamos, Casado y Arrimadas sin embargo aceptaron los votos de la extrema derecha.

Pero no nos engañemos, no es solo que nuestros políticos no sean como los alemanes, ni -sin serlo- sostengan posiciones tan firmes en torno a los criterios de democracia frente a la derecha extrema como Merkel. Porque más allá de la debacle de Rivera en noviembre, tampoco los españoles somos alemanes. Nada en los resultados electorales de noviembre se corresponde con la respuesta en las encuestas alemanas donde un sondeo de urgencia pronostica que en Turingia, un land federal, democristianos y liberales se estrellarían en caso de nuevas elecciones, después de haber aceptado los votos de la extrema derecha para alcanzar la presidencia.

Los españoles no somos alemanes, y tampoco Rajoy o Feijoo se parecen a Merkel por más que se mantengan distantes de las posiciones de Casado y no quieran saber nada de la coalición de Arrimadas, sostenida en el argumento de que Galicia, País Vasco y Cataluña tienen «una amenaza nacionalista» e incluso en que el Gobierno de España está condicionado o entregado a «supremacistas» y «racistas». Pero las elecciones de Galicia y País Vasco el próximo 5 de abril se presentan con enormes diferencias. Tantas como las que hay entre Galicia y Euskadi, o entre Urkullu y Feijoo. Porque mientras el PNV busca mantener su mayoría de gobierno, a ser posible absoluta, en su tradicional coalición con los socialistas, en la Galicia reclamada por Núñez Feijoo los votos que se le vayan al Partido Popular hacia las otras derechas -conjurado Jácome en Ourense-, por más que el 5% de Fraga los haga improductivos, se lo ponen cuesta arriba. Sumando a ello el desgaste de gobernar en solitario, «sin conflictos».

De Ciudadanos, ni hablamos. Su crisis es tan profunda que solo la miopía de la dirección nacional de los populares vislumbra un beneficio a aliarse con Ciudadanos que no detecta ningún sondeo. No aportan un voto en Euskadi, donde no tienen representación en la Cámara de Vitoria. En Catalunya, el retroceso será antológico. En Galicia, ni están ni se les espera. 

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
13 votos
Comentarios

No somos alemanes. Ni queremos