Coronavirus: el enemigo público número uno


La Organización Mundial de la Salud ha elegido al «enemigo público número uno de la humanidad». Señoras y señores, con ustedes el Covid-19. Lo que viene siendo el coronavirus de Wuhan. Un diagnóstico alarmista en el que seguramente están muy presentes el comercio mundial, las bolsas y hasta el Mobile World Congress de Barcelona, pero que olvida esas otras amenazas que siguen acabando con la vida de millones de personas en escenarios muy alejados de la sede de la OMS. Es como si viviéramos en un mundo perfecto, una burbuja ideal a la que le hubiera salido esta grieta inesperada. Sin embargo, ahí siguen con sus gigantescas facturas la tuberculosis y el VIH, por ejemplo. Ya se sabe que la diarrea infantil y la desnutrición no tienen el glamur de una pandemia con mascarilla que provoca cuarentenas en cruceros atiborrados de turistas, pero se mantienen bien arriba en el ránking de problemas globales. Las comparaciones siempre son odiosas, sobre todo cuando la miopía es tal que permite ver con claridad únicamente el propio ombligo (sobre todo el económico). Y las crisis de unos son oportunidades en bandeja para otros, ya sea en guerras convencionales o en batallas de otro tipo. La OMS y los Gobiernos deben vigilar la evolución del virus, intentar cortar su expansión y sacar conclusiones útiles para el momento en el que el próximo virus inquieto salte de los animales a los humanos, que lo hará. No hay que ocultar el problema. Pero sin perder la perspectiva. No hace falta irse muy lejos para encontrarla. Los datos más cercanos anclan los pies al suelo. En la anterior temporada murieron más de 6.000 personas en España por la gripe.

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