La función visual en la infancia está en fase de desarrollo. El niño aprende a ver del mismo modo que aprende a caminar, a hablar, etcétera.
La agudeza visual comienza su desarrollo desde el nacimiento y progresa rápidamente hasta los 4 años. A partir de ahí sigue su desarrollo más lentamente hasta alcanzar la madurez visual entre los 8 y los 10-12 años. Cualquier anomalía unilateral de un ojo puede dar lugar a la detención de ese desarrollo visual o incluso a una regresión del grado de visión alcanzado: ambliopía u «ojo vago».
Estas anomalías pueden ser: diferente graduación en un ojo y otro, estrabismo (pérdida del paralelismo de los ejes oculares) o algún obstáculo en la línea de visión de un ojo (catarata, opacidad corneal, etcétera). Las más frecuentes son las dos primeras causas. El no usar adecuadamente un ojo impide su desarrollo visual y ahí tenemos «el ojo vago» (ambliopía). Entendiendo la situación, el «ojo vago» es algo que ocurre exclusivamente en la infancia. La edad en la cual el niño es más sensible se considera hasta los 3-4 años y esta sensibilidad disminuye gradualmente hasta la edad de 8-10 años, cuando la maduración visual es completa y los centros visuales se hacen inmunes al tratamiento. Por tanto, la edad de detección del ojo vago es un factor pronóstico fundamental: cuanto más pequeño sea el niño, mejor pronóstico de recuperación.
Los oftalmólogos ponemos la barrera de los 4 años como edad ideal para la recuperación completa. A partir de esa edad, la recuperación es posible pero más lenta, e irrecuperable a partir de los 8 años.
El tratamiento va a depender de la causa de la ambliopía, de la profundidad de la ambliopía y de la edad del paciente. Se basa en dos pilares:
1.- Corrección óptica si es necesaria.
2.- Oclusión. La oclusión del ojo sano obliga a usar el ojo que el cerebro no usa y por tanto estimula las vías retino-corticales correspondientes para lograr la recuperación visual. El tratamiento oclusivo debe hacerse siempre bajo la indicación y supervisión del médico oftalmólogo, el único profesional cualificado para ello. No debe confundirse a los padres con terapias alternativas sin ningún fundamento científico que no hacen sino retrasar el adecuado tratamiento y las posibilidades de recuperación del ojo vago.
Hay que explicar claramente a los padres cuáles son dichas posibilidades de recuperación con el tratamiento adecuado, exponiendo los riesgos que conlleva para la visión futura del paciente el no tomárselo en serio. De todo ello, debemos resaltar la importancia de realizar controles rutinarios por el médico oftalmólogo antes de los 4 años, porque en muchas ocasiones el «ojo vago» puede pasar desapercibido. Con el aumento de la demanda visual de una sociedad cada vez más mecanizada e informatizada, el ojo vago puede llegar a constituir un problema socioeconómico. Valorando la incidencia podríamos asumir que entre el 2 o el 2,5 % de la población general tiene ojo vago. Lo cual es de forma indiscutible un problema, teniendo en cuenta que es evitable y tratable y merece una correcta atención.