Reforma laboral: un problema complejo


La derogación de la reforma laboral ha sido uno de los caballos de batalla del PSOE. En la campaña de diciembre del 2015, Pedro Sánchez prometió que una de sus primeras medidas, si era presidente del Gobierno, sería acometerla. «Derogar la reforma laboral del empleo precario y sueldos de pobreza es una obligación para el PSOE», dijo entonces. En la de junio del 2016 lo reiteró. «El cambio comienza poniendo fin a la reforma laboral», señaló. De nuevo lo sostuvo en la disputa de las primarias frente a Susana Díaz. Sin embargo, en las campañas para las dos elecciones del año pasado el programa socialista hablaba ya tan solo de «derogar los aspectos más lesivos», que desde ese momento pasó a ser la posición de Sánchez. Por último, en el acuerdo de gobierno que pactaron PSOE y Unidas Podemos se afirma textualmente: «Derogaremos la reforma laboral. Recuperaremos los derechos laborales arrebatados por la reforma laboral del 2012». Aunque luego limita su alcance a tres aspectos: el despido por absentismo causado por bajas por enfermedad; las limitaciones a la ultraactividad de los convenios y la prioridad de los convenios de empresa sobre los sectoriales. Incluso Unidas Podemos, que había defendido la derogación total de la reforma, ahora se conforma con suprimir sus aspectos más lesivos. La nueva portavoz del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, lo expresó así: «Es evidente que nunca se puede derogar una reforma laboral en su totalidad». Este relato sirve para ilustrar el abismo que hay entre la demagogia política y la cruda realidad. Lo que es indudable es que en los últimos años ha habido un retroceso significativo de los derechos de los trabajadores, una devaluación de los salarios y un incremento de la precariedad relacionado con el abuso de los contratos temporales. El ejemplo paradigmático de esta marcha atrás fue el fallo del Tribunal Constitucional que avala el despido por baja laboral aunque esté justificada. El PP y la patronal defienden a ultranza la reforma laboral y el Banco de España han señalado que contribuyó a la creación de empleo. Estamos ante un tema complejo para el que no sirven soluciones fáciles o demagógicas, sino que resulta imprescindible realizar un estudio sereno y a fondo del mercado laboral antes de tomar decisiones y buscar el mayor consenso posible de las fuerzas políticas y sociales. Se trata de acabar con esos fenómenos regresivos, pero, al mismo tiempo, no poner en riesgo la creación de empleo. Sin duda, un difícil equilibrio que debe ser el objetivo a conseguir.

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